Esta semana los delegados de medios de comunicación de las diócesis españolas nos hemos reunido en Jaén. Encuentros como este suelen estar llenos de conversaciones sobre estrategias, redes sociales, formatos o audiencias. Pero en esta ciudad hay una presencia discreta que inevitablemente acaba apareciendo en la conversación: la del beato Manuel Lozano Garrido, “Lolo”.
Lolo fue periodista. Y quizá por eso su figura tiene algo de espejo para quienes nos dedicamos a este oficio. No trabajó en redacciones llenas de pantallas ni en un mundo dominado por la inmediatez. Gran parte de su vida profesional la desarrolló desde una cama, marcado por una enfermedad que lo dejó inmovilizado durante años. Y sin embargo escribió, reflexionó y siguió ejerciendo el periodismo con una lucidez y una profundidad que todavía hoy sorprenden.
Su vida recuerda algo que a veces corremos el riesgo de olvidar: que comunicar no es solo transmitir noticias. Es, ante todo, aprender a mirar la realidad. Y ayudar a otros a mirarla también.
En el mundo de la comunicación -también en el ámbito eclesial- la tentación de reducirlo todo a titulares rápidos o a impactos inmediatos está siempre presente. Pero el testimonio de Lolo apunta en otra dirección. Nos recuerda que el periodismo puede ser también un ejercicio de contemplación de la realidad, una búsqueda honesta de la verdad y una forma de servicio a las personas.
No es casualidad que la Iglesia lo haya reconocido como beato. Su vida muestra que el Evangelio también puede vivirse en una redacción, en una crónica o en una columna escrita con fidelidad y paciencia. Que contar la vida de la Iglesia -con sus luces y sus sombras- puede ser una forma de misión.
Quizá por eso reunirnos en Jaén tiene algo de gesto simbólico. Venimos a hablar de comunicación, pero inevitablemente acabamos recordando a alguien que entendió este oficio como una vocación.
Y en tiempos de tanto ruido, no está mal volver a esa intuición sencilla que atraviesa toda la vida de Lolo: que el periodista cristiano, antes que experto en palabras, está llamado a ser testigo de esperanza.
