En febrero de 2025, miles de personas procedentes de todas las diócesis españolas se reunieron en Madrid para participar en el Congreso de Vocaciones «¿Para quién soy?». Desde Aragón también se viajó hasta el Madrid Arena con una pregunta que sigue resonando un año después: ¿para quién soy?
Doce meses más tarde, las diócesis aragonesas hacen balance. No se trata tanto de grandes titulares como de procesos que han ido echando raíces: nuevos equipos, cambios de mentalidad, mayor corresponsabilidad y una conciencia más clara de que toda la pastoral ha de vivirse en clave vocacional.

Barbastro-Monzón: reforzar una línea ya iniciada
En la diócesis de Barbastro-Monzón no se ha realizado un seguimiento específico del Congreso. Sin embargo, su eco ha estado presente. Como explica Paco Cabrero, vicario episcopal de Pastoral, el encuentro vino a reforzar una de las líneas del plan diocesano: «Vocacionalizar todos los ámbitos pastorales diocesanos en clave de llamada-respuesta para que nadie se pierda».
Esa intuición se concreta en una mayor participación y corresponsabilidad. Se han abierto nuevos espacios como los animadores de la comunidad y los ministros extraordinarios de la comunión, buscando llegar «capilarmente a todos los rincones del territorio». También se ha fortalecido la integración de laicos y consagrados en los equipos de las unidades pastorales, junto a los sacerdotes.
Además, se ha impulsado una línea catecumenal en los encuentros prematrimoniales, ayudando a los novios a descubrir su matrimonio como vocación en la Iglesia y para la sociedad. La imagen propuesta por el obispo, D. Ángel, resume bien el horizonte: la diócesis como una orquesta con diversos instrumentos —diversas vocaciones— que interpretan una misma partitura común, llamada a convertirse en una «Familia de familias».
Huesca: más conciencia de caminar juntos
Desde la delegación de Familia y Vida de la diócesis de Huesca se percibe un cambio claro. «Nos sentimos más una sola Iglesia: más unidad, más familia», señalan. Ha ido creciendo la conciencia de que no se camina desde compartimentos aislados, sino como comunidad responsable ante Dios.
Aunque reconocen que siguen existiendo reticencias en algunos ámbitos, el fruto principal ha sido la implicación personal. La vocación ya no se entiende como algo reservado a unos pocos, sino como una responsabilidad compartida en la construcción de una Iglesia sinodal, abierta y generadora de esperanza.
Teruel y Albarracín: estructuras nuevas al servicio de la vocación
En la diócesis de Teruel y Albarracín el impacto ha sido visible en el plano organizativo. Se ha creado un equipo diocesano de pastoral vocacional, inexistente hasta ahora. También se ha promovido un taller sobre laicos vocacionados, con el objetivo de ayudar a descubrir que no solo existe la vocación a la vida consagrada, sino también la vocación laical como llamada a transformar la realidad desde los propios ambientes.
Asimismo, se celebró una Asamblea Diocesana dedicada expresamente a las vocaciones, signo de que la cuestión ha adquirido centralidad pastoral.
Tarazona: colaboración y presencia en la escuela
En Tarazona se ha ido configurando un servicio diocesano de pastoral vocacional que trabaja en estrecha colaboración con juventud y enseñanza. Se participa en encuentros de confirmandos, se mantienen reuniones con el delegado de enseñanza y profesores de religión y se realizan visitas a colegios concertados para presentar la vida cristiana como vocación.
Además, se siguen promoviendo las jornadas del Día del Seminario y la oración por las vocaciones, renovando su impulso diocesano. Entre las iniciativas recientes destacan también los encuentros de monaguillos, que están dando buen resultado.
Zaragoza: de la experiencia al compromiso misionero
En la Archidiócesis de Zaragoza, el pasado 6 de febrero de 2026 los congresistas volvieron a reunirse con una misión concreta: convertirse en embajadores de lo vivido en Madrid y contagiar ese espíritu en parroquias y comunidades.
En ese encuentro, José Benito, sacerdote operario y responsable del servicio de pastoral vocacional de la Conferencia Episcopal Española, subrayó que lo vivido en 2025 «no puede quedarse en el recuerdo». El desafío es promover una verdadera cultura vocacional, pasando «del pienso, luego existo» al «soy llamado, por eso vivo».
El planteamiento es claro: no crear una delegación más, sino hacer que la dimensión vocacional atraviese toda la pastoral, desde la catequesis hasta la atención a los enfermos, favoreciendo la comunión entre clero, vida consagrada y laicos.
Una semilla en crecimiento
Un año después, el Congreso «¿Para quién soy?» no ha sido un punto final, sino un punto de partida. En las diócesis de Aragón el proceso continúa. Con estilos diversos y ritmos propios, se va consolidando una convicción común: cada bautizado es llamado, y la Iglesia está llamada a ayudar a cada persona a descubrir para quién es su vida.