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Custodiar las voces y los rostros humanos en la era digital

David López
26 de enero de 2026

En un contexto marcado por el desarrollo acelerado de la Inteligencia Artificial y su creciente influencia en los procesos comunicativos, el Papa León XIV ha querido situar en el centro de la reflexión eclesial una cuestión de fondo: la defensa de la dimensión humana de la comunicación. Así lo expresa en su mensaje para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra este año bajo el lema «Custodiar voces y rostros humanos».

Desde las primeras líneas del texto, el Pontífice subraya que el rostro y la voz no son elementos accesorios, sino rasgos únicos e irrepetibles que manifiestan la identidad personal y hacen posible el encuentro auténtico. «El rostro y la voz son rasgos únicos y distintivos de cada persona», afirma, recordando que en ellos se juega algo esencial de la condición humana: la capacidad de relación.

Un desafío antropológico, no solo tecnológico

León XIV es claro al diagnosticar el problema de fondo. El verdadero reto que plantea la expansión de la Inteligencia Artificial no es meramente técnico, sino profundamente antropológico. «El desafío —señala— no es tecnológico, sino antropológico. Proteger los rostros y las voces significa, en última instancia, protegernos a nosotros mismos».

En este sentido, el Papa advierte del riesgo de delegar en exceso el pensamiento, la creatividad y la comunicación en sistemas automatizados. Aunque reconoce que la IA puede ofrecer apoyo en determinadas tareas, alerta de que un uso acrítico puede conducir a una progresiva erosión de las capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas de las personas. «Se corre el riesgo, a largo plazo, de erosionar nuestras capacidades», afirma, especialmente cuando se renuncia al esfuerzo del pensamiento propio.

La simulación de las relaciones y de la realidad

Uno de los puntos más incisivos del mensaje es la denuncia de la simulación de las relaciones humanas en el entorno digital. El Papa describe cómo determinadas tecnologías, diseñadas para explotar nuestra necesidad de relación, pueden terminar sustituyendo el encuentro real por interacciones artificiales que empobrecen el tejido social.

«Esto ocurre —explica— cuando sustituimos las relaciones con los demás por relaciones con IA entrenadas para catalogar nuestros pensamientos y construir a nuestro alrededor un mundo de espejos». Un mundo en el que todo aparece «a nuestra imagen y semejanza», privándonos de la experiencia del otro, de la alteridad, condición imprescindible para la relación y la amistad.

El Pontífice advierte también del peligro de la manipulación informativa, la creación de realidades paralelas y la dificultad creciente para distinguir entre verdad y ficción, especialmente en un contexto de crisis del periodismo de verificación y proliferación de contenidos generados o alterados artificialmente.

Una alianza basada en responsabilidad, cooperación y educación

Lejos de una postura alarmista o de rechazo a la innovación, León XIV propone una respuesta articulada en torno a tres pilares fundamentales: responsabilidad, cooperación y educación. Se trata, afirma, de una «posible alianza» que implique a todos los actores sociales.

La responsabilidad interpela a desarrolladores, empresas tecnológicas, legisladores, comunicadores y usuarios, e incluye valores como la honestidad, la transparencia y el deber de compartir conocimiento. La cooperación, por su parte, exige superar enfoques sectoriales: «Ningún sector puede afrontar por sí solo el reto de liderar la innovación digital y la gobernanza de la IA», afirma el Papa, llamando a una implicación conjunta de la industria, el mundo académico, los medios, los artistas y los educadores.

La educación ocupa un lugar central en esta propuesta. El Papa insiste en la necesidad de formar una ciudadanía digital crítica, capaz de evaluar la fiabilidad de las fuentes, comprender los mecanismos psicológicos que operan en los flujos de información y elaborar criterios prácticos para una cultura comunicativa más sana y responsable, especialmente entre los jóvenes y los colectivos más vulnerables.

Custodiar el don de la comunicación

El mensaje concluye con una afirmación de fuerte calado teológico y pastoral: la comunicación no es solo una herramienta, sino un don constitutivo del ser humano, que remite a su vocación relacional y, en última instancia, a su apertura a Dios. «Necesitamos —insiste el Pontífice— que el rostro y la voz vuelvan a representar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del ser humano».

En la memoria litúrgica de san Francisco de Sales, patrono de los comunicadores, el Papa agradece explícitamente a quienes trabajan en el ámbito de la comunicación al servicio del bien común y los anima a ejercer su tarea con conciencia, libertad interior y fidelidad a la verdad.


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