En un tiempo marcado por la prisa, la sobreinformación y el ruido constante, la Iglesia recuerda que la fe no nace de la acumulación de mensajes, sino de la escucha atenta de una Palabra que da sentido. El Domingo de la Palabra de Dios, que se celebra este año bajo el lema «La Palabra de Cristo habite en vosotros» (Col 3,16), invita a redescubrir la Sagrada Escritura no como un texto del pasado o un recurso puntual para la liturgia, sino como presencia viva de Cristo, llamada a arraigar en el corazón de los creyentes y a transformar la vida personal y comunitaria.
Instituido por el papa Francisco, este domingo quiere ayudar a toda la Iglesia a reconocer el lugar central de la Palabra de Dios en la vida cristiana. No se trata solo de leer más la Biblia, sino de dejarse habitar por ella, permitiendo que modele la oración, el discernimiento y el compromiso en la misión.
Una Palabra viva y actual
El subsidio publicado por la Santa Sede para esta jornada insiste en que la Sagrada Escritura es Palabra viva, siempre actual, capaz de iluminar las situaciones concretas de nuestro tiempo. La fe —recuerda el documento— nace de la escucha, y esa escucha se aprende y se cultiva: en la proclamación litúrgica, en la oración personal, en el silencio y en la lectura compartida dentro de la comunidad cristiana.
Lejos de ser un libro reservado a especialistas, la Biblia se revela como fuente de vida para todo el Pueblo de Dios, cuando es acogida con sencillez y perseverancia. Así lo confirman muchas experiencias que se viven ya en parroquias y grupos de nuestras diócesis.
«Una manera diferente de conocer las Escrituras»
En Teruel, David Salas participa desde hace dos años en un grupo de lectio divina. Para él, el descubrimiento ha sido claro: «Es una manera diferente de conocer las Escrituras. Es una forma de profundizar, sobre todo para comprender qué nos quiere decir». Lo que más le llama la atención es «la actualidad de los Evangelios», capaces de iluminar la vida de hoy con una fuerza sorprendente.
Esa experiencia de actualidad y cercanía se repite en Barbastro. Allí, Asun Bardají coordina un grupo de quince mujeres que desde hace años rezan juntas con la Palabra de Dios. «Antes no entendían las lecturas, ahora sí», explica. Pero el fruto va más allá de la comprensión intelectual: «Ha surgido una amistad entre nosotras. Dicen que lo necesitan en su vida. Es muy enriquecedor rezar con las lecturas del domingo». Convencida de la importancia de este camino, subraya que «todos los laicos deberíamos formarnos».
La Palabra que sostiene la vida comunitaria
La lectio divina no solo alimenta la vida personal, sino que construye comunidad. Así lo explica Daniel Clemente, párroco en Rivas (Zaragoza), donde combinan desde hace décadas el grupo de Fe y Vida con la lectura orante de la Palabra. «Es un grupo muy cohesionado, con una historia muy larga, de más de treinta años», señala. Se reúnen todas las semanas y la corresponsabilidad es una nota característica: «Todos tienen alguna responsabilidad en la parroquia». Para el propio sacerdote, este camino compartido es también una ayuda concreta: «A mí me viene muy bien para preparar las homilías».
En Ariza, Conchita resume el fruto de esta experiencia con palabras sencillas y profundas: «Nos suscita el deseo de encuentro personal con el Señor». Para su comunidad, la Palabra de Dios se ha convertido en una nueva forma de ser Iglesia, «nutridos por la Palabra para ser testigos misioneros en el pueblo».
Formarse para vivir la Palabra
El Domingo de la Palabra de Dios pone también el acento en la necesidad de la formación bíblica. Desde el ámbito académico, Rosana Díaz, alumna de la licenciatura de Biblia y Evangelización del CRETA (Zaragoza), explica que el estudio serio de la Escritura no aleja de la vida, sino que la ilumina: «Ya vamos teniendo unos conocimientos y somos capaces de aterrizar los estudios de Biblia a la vida cotidiana». Destaca, además, el valor del compartir: «Compartimos mucho. Es necesario que nos formemos, y las congregaciones están haciendo un esfuerzo importante en formación».
«Que habite en vosotros»
El lema de este año —«La Palabra de Cristo habite en vosotros»— resume bien el horizonte de esta jornada. No se trata solo de escuchar o leer, sino de dejar espacio interior para que la Palabra eche raíces, transforme la mirada y oriente la acción. Una invitación dirigida a toda la Iglesia para que la Escritura no sea un elemento marginal, sino el corazón vivode la fe, de la comunión y de la misión.
El Domingo de la Palabra de Dios recuerda así que Dios sigue hablando hoy, y que su Palabra está llamada a habitar en la vida concreta de los creyentes, para hacerse testimonio creíble del Evangelio en medio del mundo.