El salón de conferencias del Seminario de Teruel acogió ayer, 19 de enero, la primera jornada de la Semana de Teología para seglares organizada por el Instituto de Estudios Teológicos San Joaquín Royo, que se celebrará hasta el próximo 22 de enero. La sesión inaugural ha corrido a cargo de Francisco Génova, director del CRETA, con la conferencia titulada «Cristianos en un mundo de Inteligencia Artificial».
Bajo el lema general de esta edición, “Retos que se plantean a la Iglesia de hoy con la inteligencia artificial”, Génova ofreció una profunda reflexión sobre el significado real de la llamada inteligencia artificial, desmontando algunos de los mitos que rodean a esta tecnología. Desde el inicio, subrayó que el término «inteligencia artificial» es, en gran medida, «una etiqueta exitosa de marketing», pero que no responde fielmente a la realidad, ya que estos sistemas no poseen inteligencia ni conciencia, sino que realizan cálculos matemáticos basados en estadísticas y probabilidades.
El ponente insistió en que la IA no es una tecnología misteriosa ni una «caja negra» fuera de control, sino una creación humana. En este sentido, advirtió que el verdadero peligro no está en la tecnología en sí, sino en quienes la controlan, especialmente por su enorme poder de influencia y su capacidad para condicionar el comportamiento humano. También señaló cómo muchas predicciones apocalípticas sobre la IA responden, en realidad, a intereses económicos y a la búsqueda de financiación para proyectos tecnológicos.
Durante la conferencia, Génova realizó un recorrido histórico por los orígenes de la inteligencia artificial, remontándose a mediados del siglo XX y a figuras como Norbert Wiener y Claude Shannon, cuyas aportaciones sentaron las bases de la cibernética y de la teoría matemática de la comunicación. Explicó cómo estas corrientes redujeron el lenguaje y el pensamiento humano a procesos matemáticos, una visión que sigue influyendo en los actuales modelos de lenguaje como ChatGPT.
El director del CRETA expuso también diversas críticas clásicas a la IA procedentes del ámbito filosófico y científico, citando autores como Hubert Dreyfus, John Searle o Roger Penrose, quienes cuestionan la posibilidad de que una máquina pueda comprender o poseer conciencia. En esta línea, explicó el concepto de “loros estocásticos”, acuñado por investigadoras como Emily Bender, para describir a los modelos de lenguaje que generan textos sin entender su significado.
Otro de los aspectos abordados fue el impacto social y ambiental de estas tecnologías. Génova denunció el llamado «trabajo fantasma», realizado por miles de personas en condiciones precarias para entrenar estos sistemas, así como el enorme consumo energético que requieren los centros de datos, con consecuencias directas sobre el medio ambiente.
Desde una perspectiva teológica, el conferenciante planteó varios retos para la Iglesia. Subrayó la importancia de reafirmar la dignidad del ser humano como imagen de Dios frente a las visiones que reducen a la persona a un mero conjunto de datos. Alertó también del riesgo de idolatrar la tecnología, comparándola con las antiguas torres de Babel: intentos humanos de alcanzar una falsa autosuficiencia al margen de Dios.
Génova concluyó destacando que la teología no puede ignorar estos avances ni asumir sin crítica los discursos dominantes, sino que está llamada a afrontarlos desde la fe, discerniendo sus implicaciones éticas y antropológicas. “La tecnología no es neutra”, afirmó, recordando que detrás de cada desarrollo hay decisiones humanas marcadas por intereses económicos y modelos de sociedad concretos.
Esta tarde, a las 19:30, será la segunda jornada con la intervención de José Beltrán, director de la revista Vida Nueva, y la conferencia: «Redes sociales o Fe cristiana. ¿Nuevos ídolos o nuevas oportunidades?».
