El próximo día 1 de mayo celebraremos la fiesta de San José Obrero. Con esta ocasión, saludo cordialmente a todos los trabajadores de la Diócesis y, sobre todo, a cuantos carecen de trabajo o lo tienen en condiciones precarias. Para todos, mi solidaridad y cercanía. 

La Pastoral Obrera sigue siendo necesaria en la Iglesia. El mundo del trabajo muestra hoy una gran variedad de situaciones. Atiende al mundo de la industria y de los servicios, a los trabajadores del campo o a los emigrantes que trabajan entre nosotros. Formado por trabajadores fijos o eventuales, por parados de larga duración, con contratos intermitentes o a tiempo parcial o con contratados en prácticas. Forman parte además del mundo del trabajo muchos profesionales, funcionarios y trabajadores autónomos, que llevan adelante su tarea con muchas dificultades. A él pertenecen también muchos jóvenes que no encuentran un trabajo acorde con su preparación, con salarios bajos e inseguridad en el empleo, todo lo cual les impide programar un proyecto de futuro y fundar una familia.

El Papa Francisco nos sigue recordando que «el gran tema es el trabajo». (Fratelli tutti 162), siguiendo la estela de sus antecesores. Así, san Juan Pablo II (Alocución 15-1-1993), decía: «Uno de los contenidos más importantes de la Nueva Evangelización está constituido por el anuncio del «Evangelio del Trabajo» (…) Ello supone una intensa y dinámica pastoral de los trabajadores, tan necesaria hoy, como en el pasado, respecto del cual, bajo algunos aspectos, se ha vuelto todavía más difícil. La Iglesia tiene que buscar siempre nuevas formas y nuevos métodos, sin ceder al desaliento».

La Doctrina Social de la Iglesia que ilumina singularmente esta pastoral, nos recuerda la necesidad de poner en primer plano la dimensión humana del trabajo y de tutelar la dignidad de la persona, pues la referencia última de la vida económica sólo puede ser el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Trabajando se desarrolla la obra de la creación. De ahí la enorme dignidad del trabajo, que debería ser siempre ocasión de crecimiento de los individuos y de la sociedad, y de desarrollo de los talentos personales, para ponerlos al servicio del bien común, en espíritu de justicia y solidaridad.

Muchas gracias a todos los que os mueve el deseo de evangelizar el mundo del trabajo que, desde la comunión profunda con Jesucristo y la fidelidad a los trabajadores, proclamáis «el Evangelio del trabajo». Evangelizáis a vuestros compañeros siendo levadura que trasforma, luz y sal en los lugares de trabajo y realizáis un discernimiento cristiano de los acontecimientos que afectan a los trabajadores, alzando la voz ante situaciones de injusticia o de explotación y, sobre todo, anunciáis a Jesucristo vivo con la palabra y con el testimonio luminoso de vuestra propia vida. Para todos que fomentáis la Pastoral Obrera en la diócesis mi saludo fraterno y agradecido, en este día de San José Obrero.