San José obrero

Hoy, comienza el precioso mes de mayo. El mes de las madres y de Nuestra Madre, la Virgen, por excelencia. Ojalá tengamos ocasión de dedicarle los raticos que podamos para hacerla más presente en nuestras vidas y recordar que Ella, María, es el camino más hermoso para llegar a Nuestro Señor Jesucristo. También celebraremos este domingo el día de la madre, y es el momento de tener un detalle con esa mujer que ha dado su vida por nosotros, nuestra madre de la Tierra, que sólo hay una.

Sin embargo, la Virgen cede hoy el protagonismo a su esposo, nuestro ejemplo de vida, San José Obrero, en el día mundial del trabajo. En la jornada de hoy, celebramos que el mismo Dios nos hizo para trabajar, para desarrollar felizmente una labor y hacer así también feliz al de al lado, que es nuestro «prójimo». La Sagrada Escritura nos lo recuerda en el libro del Génesis, en el versículo 15 del segundo capítulo: «El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén para que lo trabajara y lo guardara». ¡Qué revelación! ¡Qué verdad! El trabajo no es un castigo, sino lo contrario: un medio para el crecimiento de nuestra relación con Dios y con el prójimo.

Aún en estas circunstancias tan difíciles, ojalá no perdamos el ánimo para poner toda la carne en el asador a la hora de realizar nuestro trabajo con cariño y dedicación. Así, podremos ofrecerlo por todos aquellos que lo han perdido o que están sufriendo las peores consecuencias de esta pandemia. El Papa Francisco nos lo recordaba hace sólo dos años: «Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos» (Gaudete et exsultate, 2018). La oración puede ser una clave de caridad estos días con respecto a los más necesitados de ella, y ojalá nos permita tomar el impulso que necesitamos como cristianos para ponernos al servicio pleno de los demás: entregando cabeza, corazón y manos.

Por último, el próximo 3 de mayo celebramos también la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas bajo el lema ‘Jesús vive y te quiere vivo’. ¡Menuda ocasión para animar sin miedo a las amigas y los amigos a plantearse una forma de vida diferente, entregada, apasionante! Y también, por supuesto, para encomendar en nuestras oraciones de aquel día no sólo a nuestras madres, sino a todas las personas a las que Dios ha elegido para una entrega mayor, de cualquier tipo.

Este mes comienza con fuerza. Ahora es el momento de prepararnos y ponernos a punto para todas estas oportunidades de amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno mismo. Para terminar, me gustaría recoger un fragmento del bellísimo poema del padre José Luis Blanco Vega, SI:

Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto,
ni en la montaña se esconde;
decid, si os preguntan dónde,
que Dios está sin mortaja
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde.