El culebrón del verano sobre si iba a haber  investidura, nuevo gobierno, o repetíamos elecciones, se ha resuelto con el resultado que todos conocemos: tenemos que volver a votar y hacerlo de forma más clara, como ha perdido el presidente en funciones Pedro Sánchez. Pues a nuestros políticos les ha faltado capacidad para discernir cuál era la voluntad que la ciudadanía expresamos en las urnas.

La ciudadanía, en gran parte, está harta de los políticos y de los partidos, como queda recogido en el barómetro que elabora el Centro de Investigaciones Sociológicas en julio de 2019, y cuyos principales resultados, a la pregunta “¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?” recogemos en el siguiente gráfico:

Si contemplamos los cuatro principales problemas, constatamos un hecho significativo: existe una importante coincidencia sobre cuál es la problemática más grave que afrontamos, al tiempo que también es compartida la falta de confianza en la clase política y en los partidos para darle respuesta; desconfianza agravada por la corrupción y la escasa voluntad política de ponerle coto.

A la vista de esos problemas parece evidente que más que votar, lo que la ciudadanía demanda son dos cuestiones urgentes:

–       Y un primer problema para el que los españoles y españolas demandan soluciones es el  paro, que podemos ampliar a la realidad del trabajo. Y es que aumenta la conciencia de que se está configurando un sistema en el que resulta cada vez más difícil poder dar respuesta a las necesidades básicas mediante el trabajo y, a la vista de la aparición de nuevos empleos, que suponen formas actualizadas de esclavitud y explotación, las perspectivas resultantes son de empeorar y no de mejorar. Todo ello agravado por los problemas de índole económica (ya sean referidos a la propia economía y las dificultades para llegar a fin de mes; ya a las perspectivas generales, hoy amenazadas de una nueva recesión, de una nueva crisis, cuyos resultados en términos de desigualdad, pobreza, exclusión… tenemos todavía presentes.

Estos problemas apuntan a la emergencia de una sociedad que parece alejarse a pasos agigantados de aquella sociedad justa, inclusiva, sustentable y con eje en el trabajo de la persona a que parecía encaminarse nuestra sociedad.

–       Los otros dos problemas (los políticos, la corrupción) apuntan a un fenómeno peligroso: el crecimiento de importantes niveles de desafección y malestar con el sistema político, signos de una creciente degeneración de la democracia representativa, que abre la puerta a populismos y al auge de opciones autoritarias. Una situación que ocurre en sociedades  en las que se ha avanzado de forma importante en derechos y libertades, aunque actualmente se ven afectados por los recortes y las políticas neoliberales predominantes; en los que hay elecciones periódicas, plurales, libres, alternancia de partidos…

ta desafección tiene unas causas patentes: la incapacidad de nuestros políticos de alcanzar acuerdos y pactos que aborden los problemas reales; su mayor preocupación por intereses partidistas y estratégicos  que por el interés general y el bien común… Pero hay otras causas remotas, que están ahí en el ambiente, y con frecuencia escapan a nuestro entendimiento: desplazamiento del poder real fuera de las instituciones del sistema político tradicional, y que a veces representamos como un secuestro del poder político por parte de los poderes económicos, financieros… En ese contexto, surge una fragmentación de los partidos políticos, amenazando con la desaparición del anterior sistema de partidos… En resumen, crece la falta de credibilidad en la capacidad de gobierno de los partidos y las instituciones, creencia que se ve reforzada por la incapacidad de los diversos gobiernos para dar respuesta a los problemas reales de la ciudadanía.

A la vista de los principales problemas que manifiestan los ciudadanos, podríamos concluir que la opción de volver a votar no hace sino incrementar la desafección hacia la clase política  y los partidos, ampliando las bases para una salida autoritaria.  Una respuesta que nos surge de forma inmediata es la de plantear la sustitución de unos líderes políticos que se han mostrado incapaces de gestionar nuestra voluntad, mediante acuerdos que posibilitaran un gobierno que elaborará políticas capaces de dar respuestas a nuestras principales necesidades, problemas e inquietudes.

Pero sería un error culpar sólo a los líderes y a los partidos políticos, especialmente los cuatro más importantes. Sin negar su responsabilidad y su falta de altura de miras, también tendremos que revisar nuestras responsabilidades: hemos sido capaces de presionar, ya sea como afiliados de a pie o como ciudadanos, sobre esos políticos y esos partidos para que se vieran forzados  a tomar otras decisiones. Y es que nuestra responsabilidad no se acaba cunado depositamos el voto en la urna. ¿Qué vas a hacer además de votar?