«Nunca estaremos solos»: Lucas Santos Barsch estrena su sacerdocio en Zaragoza

Fabio Ovalle Medina
23 de octubre de 2026

Siete años de discernimiento, formación, dudas y encuentros culminaron para Lucas Santos Barsch con su ordenación sacerdotal en la Basílica del Pilar. Pocos días después, el nuevo sacerdote diocesano compartió en El Espejo de COPE Zaragoza cómo ha vivido este camino y qué quiere llevar ahora a las comunidades que la Iglesia le confíe.

Entrevistado por Rocío Álvarez, Lucas recordó especialmente la homilía del arzobispo Carlos Escribano y su llamada a los jóvenes a no tener miedo si descubren que Dios puede estar llamándolos.

Oración, fraternidad y vida compartida

Ante las dudas propias de cualquier proceso vocacional, Lucas señala una base imprescindible: la oración y la vida interior. A ella suma la fraternidad con los demás seminaristas y el contacto cotidiano con las personas, porque también ahí, asegura, Dios se manifiesta y la vocación va madurando.

Su experiencia resume tres apoyos esenciales: buscar la amistad con el Señor mediante la oración; vivir la fraternidad y no recorrer el camino en solitario; y permanecer cerca de la gente y descubrir a Dios en los encuentros cotidianos. «Lo primero es no tener miedo: acoger la llamada con confianza, cariño y generosidad. Es un regalo precioso que Dios nos da y nunca estaremos solos».

De Brasil a sentirse en casa en Zaragoza

Responder a la vocación significó también dejar atrás Brasil y su familia. Su llegada a Zaragoza no estaba inicialmente planificada: mientras estudiaba Filosofía en Pamplona, un sacerdote zaragozano, Dani Granada, acercaba a varios estudiantes a la diócesis durante las vacaciones.

Aquellos primeros contactos fueron decisivos. Al plantearse dónde continuar su discernimiento, Lucas encontró en Zaragoza personas que le hicieron sentirse acogido. «Los maños son muy acogedores», resume al recordar cómo fue descubriendo aquí su lugar.

«El cariño de la gente» que prepara para ser sacerdote

Durante su formación pasó por realidades muy diferentes: parroquias de Zaragoza, las Cinco Villas y comunidades del Bajo Aragón. De todas ellas conserva especialmente el cariño recibido de la gente hacia seminaristas y sacerdotes.

Ahora comienza otra etapa. Lucas entiende el sacerdocio como un servicio que exige conocer la vida concreta de las personas, llevarla a la oración y ponerla ante Dios. Una misión que sintetiza con una imagen muy clara: ser puente entre Dios y los hombres, cuidando a quienes se le confían sin descuidar nunca su propia relación con el Señor.

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