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No te hago ninguna injusticia

Pedro Escartín
19 de septiembre de 2026

Un café con Jesús. Flash de mi conversación (imaginaria) con Jesús sobre el Evangelio del XXV Domingo del tiempo ordinario – ciclo A – 20 de septiembre de 2026

La escena que refleja la parábola del Evangelio de hoy (Mt 20, 1-16) era frecuente en tiempos de Jesús: los campesinos que habían perdido sus tierras a causa de la presión fiscal o de las malas cosechas acudían todos los días a la plaza del pueblo esperando ser contratados por algún latifundista o patrón rico y benévolo. Pero el comportamiento del patrón con los trabajadores que solo habían trabajado una hora no fue el normal. Esto llamó la atención de aquellos oyentes y, tal vez, también nos haya sorprendido a nosotros. Parece que Jesús ha querido provocarnos.

– ¿Qué pretendías enseñarnos con la parábola de los enviados a la viña? -le he dicho con mi taza de café en la mano mientras él acercaba la suya a sus labios-. La falta de equidad del patrón entre los trabajadores que llegaron a la viña a última hora y los que trabajaron todo el día es tan evidente que resulta provocativa. No me extraña que los primeros protestaran…

– … y maldijeron al patrón, pues la expresión “¿vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”, en el griego de aquel tiempo quería decir “¿vas a tener ‘mal ojo’ porque yo soy bueno?”.

– Lo cual refuerza mi sorpresa y la de las gentes que ahora escuchamos esta parábola, acostumbrados como estamos a la negociación de los contratos colectivos, buscando la equidad entre unos y otros. Ahí tienes las reivindicaciones de los médicos reclamando un trato similar al que reciben los de otras comunidades autónomas. O me aclaras la intención de tu parábola o no hay forma de digerirla.

– Ya veo que mi parábola consigue también ahora la finalidad que entonces pretendía. No fue una parábola sobre la equidad en las relaciones laborales, sino que era mi respuesta a los fariseos y jefes del pueblo cuando se quejaban de que yo acogiera a los pecadores. Ellos se consideraban como los trabajadores de la primera hora, mientras que veían a los pecadores que yo acogía y perdonaba como trabajadores de última hora. Les propuse la parábola para que decirles que el amor del Padre es grande y gratuito con todos, también con ellos…

Pensativo, he vuelto a tomar un sorbo de café y he añadido: – Me parece que no solo los fariseos de tu tiempo criticaban que acogieras a los pecadores, sino que es algo que ocurre en todos los tiempos: por lo que yo sé, entre los primeros cristianos ya hubo sus más y sus menos entre los que procedían del judaísmo y los que venían del paganismo, y puede que ahora los cristianos “de toda la vida” también miren con desconfianza a los de última hora.

A continuación, Jesús me ha preguntado: – ¿Sabes por qué ocurre lo que me estás diciendo?

Al ver que yo vacilaba sin saber qué decir, ha añadido: – En la parábola encontrarás la respuesta. Si tienes en cuenta que la comencé diciendo: “El reino de los cielos se parece a un propietario…”, te darás cuenta de que ser llamados a trabajar en la viña es un privilegio que te ofrece la posibilidad de entrar en el Reino de Dios, y que esto es un regalo siempre inmerecido, sean cuales sean las horas que hayas trabajado en la viña. El propietario no discriminó a los primeros en beneficio de los últimos, sino que, dando a todos lo mismo, reveló que el salario es el perdón gratuito del Padre con todos…, también contigo.

– Esto lo cambia todo. Espero que no tengas que repetírmelo -he dicho sonriendo agradecido y acercándome a la barra para pagar los cafés de hoy.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (20, 1-16).
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y le dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaron que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos: “Amigo no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
Palabra del Señor.

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