Mons. Carlos Escribano reivindica el papel evangelizador de los movimientos y hermandades en la clausura de un ciclo de Derecho Canónico

David López
21 de mayo de 2026

La Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Eclesiástica San Dámaso celebró el pasado martes 19 de mayo la sesión de clausura del ciclo «Movimientos eclesiales, nuevas comunidades y hermandades», una iniciativa académica que ha buscado profundizar en la realidad y misión de estas formas de vida eclesial dentro de la Iglesia contemporánea.

La conferencia final estuvo a cargo de Carlos Escribano Subías, quien ofreció una extensa reflexión sobre los desafíos pastorales, espirituales y canónicos que afrontan hoy los movimientos eclesiales, las asociaciones de fieles, las nuevas comunidades y las cofradías.

Desde el inicio de su intervención, el arzobispo de Zaragoza quiso subrayar la importancia del laicado en la vida de la Iglesia y reconoció la riqueza evangelizadora que aportan estas realidades eclesiales: «Los movimientos eclesiales son una gran riqueza para la Iglesia», afirmó, definiéndolos como «un resurgir de la acción del Espíritu en medio de nosotros».

La vocación evangelizadora del laico

A lo largo de su ponencia, Mons. Escribano insistió en que la misión evangelizadora de los laicos nace directamente de la dignidad bautismal y no simplemente de una tarea delegada dentro de la pastoral ordinaria. «La tarea de evangelización no es opcional», aseguró, recordando que el bautizado está llamado a anunciar el Evangelio desde su propia vocación en medio del mundo.

En este sentido, destacó especialmente la «índole secular» del laico, tal y como la definió el Concilio Vaticano II, como una de las claves fundamentales para comprender la misión evangelizadora en la sociedad actual. Según explicó, el laico está llamado a santificar el mundo desde dentro, viviendo su fe en los ambientes cotidianos, culturales, sociales y profesionales.

El arzobispo también defendió la necesidad de que movimientos, asociaciones y hermandades ofrezcan auténticos itinerarios formativos y procesos de acompañamiento que ayuden a integrar fe y vida. «Lo que buscan nuestros movimientos debería ser que se produzca el encuentro con Cristo», señaló.

Riesgos y desafíos pastorales

Junto a la valoración positiva de estas realidades eclesiales, Mons. Escribano abordó también algunos riesgos presentes hoy en la vida de movimientos y asociaciones. Entre ellos mencionó el clericalismo, la pasividad de algunos laicos, las tensiones entre movimientos y pastoral parroquial o el peligro de encerrarse en dinámicas autorreferenciales.

En uno de los momentos más significativos de la conferencia, advirtió sobre la tentación de pensar que «fuera del movimiento no hay salvación», recordando que ningún carisma puede vivirse al margen de la comunión eclesial.

También subrayó la importancia de los llamados «criterios de eclesialidad», impulsados especialmente desde el magisterio de san Juan Pablo II, como instrumentos de discernimiento para evaluar la autenticidad y fecundidad de las asociaciones eclesiales. Entre ellos destacó la vocación universal a la santidad, la comunión con la Iglesia particular, la formación integral, el compromiso misionero y la dimensión social del Evangelio.

El valor evangelizador de la religiosidad popular

Durante su intervención, el arzobispo zaragozano dedicó una atención especial a las cofradías y hermandades, destacando el enorme potencial evangelizador de la religiosidad popular.

«Una procesión es el evangelio de los pobres», afirmó al referirse a la Semana Santa zaragozana, que definió como una auténtica catequesis pública capaz de anunciar visualmente el misterio de Cristo a miles de personas.

Mons. Escribano recordó además la fuerza social y cultural de estas expresiones populares de fe, especialmente en ciudades como Zaragoza, donde la Semana Santa reúne a miles de cofrades y se convierte en un importante espacio de presencia pública de la Iglesia.

El Congreso de Laicos y el futuro del laicado en España

La última parte de la conferencia estuvo centrada en el Congreso de Laicos impulsado por la Conferencia Episcopal Española en 2020, al que el arzobispo se refirió como «un antes y un después» para la pastoral con seglares en España.

Mons. Escribano explicó cómo aquel proceso ayudó a articular un horizonte común para el laicado español en torno a cuatro grandes ejes: primer anuncio, acompañamiento, formación y presencia en la vida pública.

Precisamente sobre esta última cuestión, insistió en que la fe tiene también consecuencias sociales y públicas, y advirtió de que uno de los mayores contratestimonios para la evangelización es la incoherencia entre la fe profesada y la vida concreta de los creyentes.

La sesión puso el broche final a un ciclo académico que ha reunido a expertos de distintas disciplinas para reflexionar sobre el presente y el futuro de los movimientos eclesiales, las nuevas comunidades y las hermandades en la vida de la Iglesia.

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