Lucas, Álvaro y José Antonio, tres nuevos sacerdotes para servir a la Iglesia de Zaragoza

Rocío Álvarez
19 de octubre de 2026

Lucas Santos Barsch, Álvaro Sobral Conceição y José Antonio Molina Bazán fueron ordenados sacerdotes el pasado 18 de octubre en la Basílica del Pilar. Sus testimonios muestran cómo viven su vocación y el servicio a la Iglesia.

La ilusión, la gratitud y el deseo de servir a Dios y a los demás acompañan a Lucas Santos Barsch, Álvaro Sobral Conceição y José Antonio Molina Bazán en el comienzo de su ministerio sacerdotal. Los tres han recibido el pasado domingo, 18 de octubre, el sacramento del orden en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, en una celebración presidida por el arzobispo de Zaragoza, don Carlos Escribano. Cada uno afronta este paso desde su propia experiencia vocacional, pero con una misma disposición a ponerse al servicio de la Iglesia y de todas las personas.

Mirada con gratitud

Lucas mira hacia los siete años transcurridos desde que descubrió la llamada del Señor y recuerda un camino «muy bonito», con momentos de ilusión y otros de duda. En ese recorrido ha dejado a su familia y su país, y ha encontrado en la fe la confianza para seguir adelante. Álvaro también vive este paso con alegría, sin ocultar el sentido de responsabilidad que conlleva. Confía en que Dios le acompañará y le dará la fuerza necesaria para permanecer fiel a su vocación. José Antonio, por su parte, resume su disposición en tres palabras: agradecimiento, paz y deseo de servir a Dios, a la Iglesia y al Pueblo de Dios.

Los nuevos sacerdotes reconocen también a quienes han sostenido su camino. Álvaro agradece a su familia, a los sacerdotes, a sus formadores y a quienes han rezado por él. Lucas recuerda al Seminario, a sus compañeros y a las parroquias en las que ha servido como seminarista y diácono: San Pedro Arbués, Santa María de Montecanal, la Unidad Pastoral de Ejea y las comunidades de Alcañiz, Torrecilla de Alcañiz, Valmuel y Puigmoreno. José Antonio da gracias a Dios y a la Virgen del Pilar, al arzobispo que le ha ordenado, a su familia y a los sacerdotes que, con su testimonio y acompañamiento, han sostenido su experiencia de fe.

Humildad y alegría

Al preguntarles por las cualidades necesarias para el sacerdocio, los tres destacan la escucha, la humildad y la cercanía. Álvaro habla de un corazón próximo a Dios y a las personas, paciente y dispuesto a acompañar. Lucas recuerda que cada persona tiene su propia historia, con alegrías, ilusiones, problemas y heridas, y que el sacerdote debe ponerse en su lugar para reconocer a Jesús en ella. Añade la importancia de la oración y del cuidado de las cosas sagradas. José Antonio lo resume así: «Ser feliz y hacer felices a los demás», aspirando a ser santo, docto, humilde y alegre.

En su homilía, don Carlos les invitó a construir su ministerio sobre tres actitudes que san Pablo recoge en su carta a los Tesalonicenses: «la actividad de vuestra fe», «el esfuerzo de vuestro amor» y «el aguante de vuestra esperanza». La fe necesita mantenerse arraigada en la relación personal con el Señor; el amor se concreta en una caridad pastoral que se entrega a las personas confiadas al sacerdote; y la esperanza sostiene la fidelidad en medio de las dificultades.

El arzobispo les pidió cuidar la oración diaria y celebrar la Eucaristía con paz y recogimiento. «Pon en la patena la vida de tu gente y no te olvides nunca de poner la tuya», les dijo. También les recordó que el sacerdocio no se vive en solitario, sino caminando con el obispo, el presbiterio y el Pueblo de Dios desde la cercanía, la humildad y la fraternidad.

La celebración fue, además, una invitación a los jóvenes a no tener miedo de responder a la llamada de Dios. Los tres nuevos presbíteros, procedentes de lugares y experiencias diferentes, muestran que el Señor llama a cada uno con sus cualidades y limitaciones. «Responder a la vocación no es perder nada, es ganarlo todo», afirmó don Carlos, encomendándolos finalmente a la protección de la Virgen del Pilar y animándolos a salir al encuentro de su gente con el corazón encendido de celo pastoral.

 

Fotos: Víctor Flores

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