Los objetivos

Las semanas pasadas comenzamos en nuestras prisiones el curso anual de Salud Mental. Un curso de 20 amplios temas interactivos de habilidades para la vida y la salud, impartidos generosa y sabiamente por 14 de nuestros mejores psiquiatras y psicólogos.

Me toca hacer la presentación, introducción e información a los 20 internos participantes en cada cárcel: hombres y mujeres de edades entre 24 y 60 años de cinco nacionalidades distintas.

Intentando convencerles de que en la vida necesitamos objetivos claros para crecer y sobrevivir a tantas dificultades, sorprendí a varios participantes: ¿Cuál es tu objetivo?    ¡¡SORPRESA!!  No lo esperaba: “Mi objetivo… salir de aquí”. Claro, dije, todos vamos a salir de aquí, pero…¿y luego?  “ya veré…buscarme la vida…estar con mi familia… ¿Y de tu crecimiento…? “buscar trabajo…”

Solamente un hombre joven piensa terminar su carrera e integrarse. Y los otros, ¿qué será de ellos? Al menos nadie me respondió como un ciudadano el curso pasado, que lo tenía muy claro: “salir, matar a fulano y volver”

Volverás, le dije. No ha salido. Tampoco le gustó el curso, lo dejó.

Tengo que aclarar que los objetivos van siendo más claros conforme avanza el curso.

Son un misterio los caminos que Dios va alumbrando en los corazones y que se descubren ante nuestros ojos: todos tenemos un OBJETIVO hacia el cual encauzamos los pasos a veces por sendas tortuosas.

Respecto a estos “alumnos” aun es más misterio. Muchos se organizan bien; otros los encuentras, tras la prisión, en una vida caótica y te preguntas: ¿qué hay de aquello que hablamos…?  Si, estoy en ello… dicen. No lo veo y no sé si lo creo pero acepto a la vez que me pregunto: ¿y los míos, mis objetivos…? Eran que tú tuvieses una vida digna y que mi caminar hacia mi OBJETIVO FINAL, Jesucristo Resucitado fuese gozoso.

Seguiré buscando mientras los acompaño y aprendo de tantos de estos “alumnos” que rehacen su vida, continúan su camino y me llenan de alegría.