Lectio Divina: 14 de julio de 2018

1.-Oración introductoria.

Señor, hoy sólo quiero pedirte en este rato de oración, que siempre se cumplan en mí tus deseos: “no está el discípulo por encima del Maestro”. Has puesto la meta demasiado alta como para poder no sólo superarla sino ni siquiera igualarla. Tan solo te pido que cada día me parezca un “poquito más a Ti”, que me sienta un “poquito” más cerca de Ti; que esté un “poquito” más entusiasmado contigo. ¡Un poquito más!

2.- Qué dice el texto. Mateo 10, 24-33

«No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos! «No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. «Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. «Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.

3.- Qué dice el texto. 

Meditación-reflexión.

Me encanta el uso de los diminutivos en el evangelio. Los judíos, acostumbrados a la trascendencia y majestuosidad de Dios, tenían prohibida una oración que decía que “Dios cuidaba el nido de los pajarillos” ¿Cómo va a estar un Dios tan grande preocupado de algo tan insignificante? Pero he aquí que Dios, el verdadero Dios, el que se ha encarnado en la persona de Jesús, nos ha dicho que su Padre cuida de los pajarillos y hasta tiene tiempo para contar los cabellos de nuestra cabeza. Si eso sabe hacer con lo pequeño ¿qué hará con lo grande, con sus hijos queridos? La mirada cariñosa de Dios sobre cada uno de nosotros, seres en sí tan insignificante, nos hace grandes, nos hace importantes, nos hace crecer.

“No tengáis miedo…nada hay oculto que no deba saberse” Confieso que esta frase del evangelio nunca la había entendido hasta que no ha venido el Papa Francisco. No hay que tener miedo a los casos ocultos, a los pecados escondidos, a la basura de los pozos negros de la Iglesia. Todo debe ser sabido, juzgado y, en su caso condenado, precisamente para que no vuelvan a ocurrir en el futuro. La Iglesia de Jesús nunca debe tener miedo a la verdad.

Palabra del Papa

También nosotros, en la oración debemos ser capaces de llevar ante Dios nuestras fatigas, el sufrimiento de ciertas situaciones, de ciertas jornadas, el compromiso cotidiano de seguirlo, de ser cristianos, y también el peso del mal que vemos en y alrededor de nosotros, porque Él nos da esperanza, nos hace sentir su cercanía, nos da un poco de luz en el camino de la vida. […] Cada día en la oración del Padre Nuestro le pedimos al Señor: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Reconocemos, por ello, que hay una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros, una voluntad de Dios en nuestras vidas, que debe convertirse cada día más en la referencia de nuestro querer y de nuestro ser; reconocemos entonces que es en el “cielo” donde se hace la voluntad de Dios y que la “tierra” se vuelve “cielo”, lugar de la presencia del amor, de la bondad, de la verdad, de la belleza divina, solo si en ella se hace la voluntad de Dios. Benedicto XVI, 1 de febrero de 2012.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Salir a la Naturaleza y observar la cantidad de cosas pequeñas; bellas, hermosas. Y dar gracias a Dios por cada una de ellas.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, quiero acabar esta oración dándote gracias por haberte fijado en lo pequeño, en lo que no cuenta, en aquellos que no se dan importancia. Y, a la hora de elegir a tu propia madre, te fuiste a una aldea insignificante, a una doncella innominada, y le propones la gran oferta de ser tu madre. ¿Qué viste en ella? Lo dice María en el Magníficat: “Ha mirado la humildad de su esclava”. Crear es hacer una cosa de la nada. Dejemos que Dios siga haciendo cosas tan bellas con nosotros, ¡con lo poco que somos!…

 

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Autor: Raúl Romero