Lo que se inició como un servicio para conectarnos a evolucionado no sólo hacia una manipulación de datos y deseos, sino hacia el poder de crearlos.

La visualización de la popular película de Netflix “El dilema de las redes sociales” ha supuesto la aceptación de un secreto a voces que quizás no queríamos escuchar, dado que formamos todos parte de él.

Los autores reales de los algoritmos que configuran una inteligencia artificial que nos conoce mejor que nosotros mismos son los que cuentan, en primera persona, que la adicción, la inseguridad, los bulos o la polarización no son casualidades sino objetivos. Pero claro, entiendo que en una reunión entre los CEO de estas empresas el concepto engagement suena mucho más inofensivo. Para que nos entendamos, lo que pretenden es «conseguir arrebatarnos todo el tiempo posible de nuestras vidas», como afirma en el largometraje Tim Kendall, exdirectivo de Facebook.

Según Jaron Lanier, lo que estas plataformas ofrecen a otras empresas es la capacidad para cambiar poco a poco nuestros comportamientos, nuestras creencias y hasta lo que somos: no es sólo un tema psicológico, sino también antropológico. Tienen la opción de construir una realidad a la carta y personalizada para cada individuo, haciendo creer al usuario que esa misma realidad es la que experimentan las personas que nos rodean. Sin embargo, a cada individuo se le replica el proceso.

Tras identificar esta poderosa, silenciosa y masiva arma digital, quizás penséis que borraré mis perfiles de redes sociales de inmediato. Nada más lejos de la realidad, tenemos un arma aún más poderosa que es la educación.

Ahora ya sabemos que las redes intentan persuadir nuestra opinión, crear adicción, arrebatarnos el mayor tiempo posible y radicalizarnos, por lo que podemos aplicar estrategias para solventar cada uno de estos obstáculos y poder usar la parte positiva de las redes. Algunas de ellas nos las recomienda la propia película:

  • Desactivar todas las notificaciones del teléfono para únicamente acudir a él cuando lo necesitamos o decidimos emplearlo.
  • Limitar y acotar el uso de las redes sociales.
  • Trabajar la autoestima y la autopercepción en adolescentes para evitar la persuasión que generan las redes sobre esta etapa tan vulnerable.
  • Leer y documentarse sobre todos los puntos de vista, no solo los que nos ofrecen las redes.
  • Informarse a través de canales de comunicación oficiales o fuentes de confianza.
  • Seleccionar bien las personas u organizaciones a las que sigues y revisar la configuración sobre la privacidad de tu contenido.
  • Publicar únicamente lo que estés seguro pueda ver el resto de la sociedad.