Flash sobre el Evangelio del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

Hoy no hubiera deseado estar en la piel del párroco. Debía hablar, en la homilía, en dos temas muy sensibles ?la igualdad entre el varón y la mujer, y el divorcio?, si quería explicar la primera lectura (Gen 2, 18-24) y el evangelio (Mc 10, 2-16). El buen hombre ha sido sensato, pero me gustaría saber si ha sido fiel a lo que Jesús sintió ante el acoso de los fariseos.

– De nuevo tenemos hoy otra zancadilla de los fariseos -le he dicho mientras esperábamos los cafés que habíamos pedido después de saludarnos-.

– Sí; ese era su sino -ha respondido con un suspiro-.

– Te preguntaron si le era lícito a un hombre divorciarse de su mujer -he aclarado con una chispa de ingenuidad-; pero bien sabían ellos que Moisés les había permitido el divorcio, y lo practicaban. ¿A qué venía la pregunta?

– Pues, a su tendencia a enredarme. Ellos se divorciaban de sus mujeres, pero no dejaban que sus mujeres hicieran lo mismo; y además discutían sobre los motivos: si debía ser por una falta muy grave, como el adulterio, o algo más liviano, como que se le quemaba la comida…

– Y con tu respuesta les tapaste la boca, porque no replicaron -he concluido, tomando un sorbo de café-. Pero parece que tus discípulos no quedaron satisfechos, porque luego, en casa, volvieron a preguntarte lo mismo…

– Y yo les respondí recordándoles lo que había dicho a los fariseos -me ha respondido dando cuenta de su café-. Debéis meteros en la cabeza que la intención del Creador no fue la de unir al varón y la mujer por una temporada, sino para siempre. Pero por la terquedad humana, que es fruto del pecado, consintió que Moisés permitiera a los israelitas divorciarse. Recuerda la primera lectura de hoy: es un relato poético que explica que los seres humanos existís porque Dios os ha creado, y lo cuenta con una historia preciosa: el varón, que ya ha sido hecho del barro de la tierra, todavía está solo y no encuentra compañía: ni en las cosas ni en los animales hay alguien como él, que le ayude. Entonces, el Creador forma una mujer, no del barro de la tierra, sino de una costilla del varón; se la presenta y éste exclama: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!» Aquí se fundamenta la igualdad entre el varón y la mujer, su diferencia y su complementariedad para ser fecundos…

Me he quedado medio embobado escuchando sus palabras y sólo se me ha ocurrido decir:

– O sea, que el feminismo ya estaba en la primera página de la Biblia…

– Si lo quieres entender así, estás en tu derecho; pero hay algo más que feminismo, hay un guiño a la fidelidad entre varón y mujer, que simboliza la fidelidad del Padre hacia vosotros.

– Entonces, ¿qué hacemos con el divorcio, que tanto se lleva ahora?

– Francisco, mi Vicario, lo ha dicho con claridad: «Debe quedar claro que el divorcio no es el ideal que el Evangelio propone para el matrimonio y la familia», pero «el camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero», porque es preciso tomar en cuenta «la complejidad de las diversas situaciones y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición».

-Sí, de esa terca condición humana por la que Moisés permitió el divorcio… -he concluido-.

– Aunque no es lo ideal…; el ideal que crea felicidad es la fidelidad, que tanto añoran ahora muchos hijos con padres separados -ha dicho pidiendo la cuenta y despidiéndonos-.