Al abrir el mes de junio celebramos «el cuerpo y la sangre de Cristo». El día ocho, el «sagrado corazón de Jesús», y, al día siguiente, el «corazón de María». Fiestas todas ellas con un gran arraigo popular que resumen el gran misterio de la encarnación y redención (salvación).

El Corazón de Jesús y de su madre no sólo son amados por nuestro pueblo sencillo sino también por los místicos y los teólogos, los artistas y los científicos. No tiene que extrañarnos que en algunos pueblos los coloquen en lo alto para que sus habitantes al elevar la mirada hacia el cielo, ante cualquier contrariedad, se crucen con su ternura y su cariño. Felicito al pueblo de Graus por la hermosa restauración que han sabido hacer del Sagrado Corazón.

¡Cómo no quedar sobrecogido cuando uno vislumbra a Dios mismo, desde el horizonte infinito de su amor, que haya querido entrar en los límites de la historia, tomando un cuerpo y un corazón, para que pudiéramos contemplar y encontrar el INFINITO en el finito, el MISTERIO invisible e inefable en el corazón humano de Jesús.

Todos necesitamos tener un «CENTRO» en nuestra vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante las contrariedades que la vida, tarde o temprano, nos depara.

Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia fiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia misma de Cristo, corazón del mundo.

Permitidme que os invite a que alcéis conmigo vuestra voz recitando esta oración:

«Sagrado Corazón de Jesús,
Tú que nos dijiste:
«Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá»
¿A quién voy a acudir sino a Ti?
¿A dónde voy a llamar sino a tu puerta?
Si sólo en Ti encuentro consuelo y protección.
(pedid ahora en silencio la gracia que necesitéis)
Confío en que tu Corazón compasivo
encuentre en mis miserias, tribulaciones y angustias,
un motivo más para escuchar mi súplica y acoger tus designios.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén».

Y consagréis, como yo, vuestra vida al Sagrado Corazón evocando las palabras que el Papa Juan Pablo II pronunció en la catedral de Delhi en febrero de 1986:

«Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos gracias por todo lo que Tú eres y todo lo que Tú haces por esta pequeña grey de la comarca del Sobrarbe y la Ribagorza, del Somontano, del Bajo Cinca, del Cinca Medio y la Litera.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que nos has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser la fuente de nuestra alegría, el manantial de eternidad.

Reunidos juntos en tu nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, los feligreses del Alto Aragón queremos consagrarnos a tu Sacratísimo Corazón, porque de tu Corazón brota siempre la plenitud de la verdad y de la caridad. Y renovar  nuestro deseo de corresponder con amor a tu ternura y misericordia.

Señor Jesucristo, reina en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestros pueblos y en nuestra Diócesis. Vence todos los poderes del mal y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.

¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén»

Con mi afecto y bendición

+ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón