Opinión

Santiago Coello

Hacia una Iglesia Sinodal

Enseñarnos por dentro para ser creíbles

2 de octubre de 2026

Asistí el pasado día 26 de septiembre a la Jornada de inicio de curso, que se convocó bajo el afortunado y sinodal título de “CAMINAMOS JUNTOS”, seguido del lema “Escuchar – Discernir – Anunciar”.  Por aquello de mi experiencia profesional en responsabilidad social empresarial, puse como primera opción, a la hora de elegir grupo de trabajo, el de TRANSPARENCIA, RENDICIÓN DE CUENTAS Y EVALUACIÓN, coincidente en su denominación con el apartado correspondiente del Documento final del pasado Sínodo. Y, efectivamente, allí se me asignó.

Todos los asistentes recibimos un librito (verde, habrá otros dos a lo largo del curso pastoral con otros colores) como documento preparatorio para el trabajo en los distintos grupos, con un punto de partida en el que se puede leer que “Este curso será, por tanto, un tiempo de escucha, discernimiento y participación”, afirmación ciertamente sinodal, orientado a “descubrir cuáles deben ser las prioridades que orienten nuestra misión durante los próximos años”. Sigue una página con la visión propuesta para el proceso, de la que me ha gustado especialmente este párrafo: “Queremos tender puentes hacia quienes se han ido alejando de la vida eclesial, favoreciendo una Iglesia cercana, acogedora y capaz de escuchar antes de responder”. La idea de que todos cabemos en la Iglesia, también sinodal y muy querida por el papa Francisco, me resulta altamente motivadora.

De los 6 ejercicios de discernimiento establecidos, los relativos a los consejos pastorales y el papel de los laicos ya se han realizado, y el librito verde presenta los aspectos destacados de la síntesis elaborada para cada uno de ellos. Así, quedan para este curso los de:

  • cultura vocacional, en octubre de 2026
  • renovación misionera de las parroquias, entre noviembre y diciembre de 2026
  • transparencia, rendición de cuentas y evaluación, en enero de 2027
  • formación en dinámica sinodal, en febrero de 2027

Aprovechando pues las notas tomadas, sigue un resumen de lo hablado en mi grupo.

Transparencia, rendición de cuentas y evaluación

El librito nos proponía dos cuestiones para el discernimiento:

  1. ¿Qué llamadas del Espíritu Santo recibimos para crecer en transparencia, rendición de cuentas y evaluación en los próximos años?
  2. ¿Qué pasos y propuestas concretas hacemos a nuestras parroquias y comunidades y a la diócesis?

Respecto a las llamadas, pusimos en común seis:

Primera. No hay que tener miedo a enseñarnos por dentro. Es un ejercicio de credibilidad y coherencia, que incentiva la mejora.

Segunda. Tenemos que decir cómo funcionamos, sin ocultar los aspectos a mejorar ni minusvalorar lo que hacemos bien.

Tercera. Enseñar a la Iglesia por dentro es responsabilidad y cosa de todos, a todos los niveles. Y tan importante es hacerlo con lo económico como con lo pastoral.

Cuarta. En este campo, también hay que hacer una llamada a la participación de los laicos, especialmente los que tienen más costumbre por sus habilidades profesionales.  Requiere de una formación específica, lo que no quita que la transparencia la podemos y debemos ejercitar todos.

Quinta. Así como estamos todos más al tanto de lo que significan la transparencia y la rendición de cuentas, no es así con la evaluación, que supone medir la eficacia en la consecución de los objetivos marcados y la eficiencia de los recursos empleados para ello. Por otra parte, la rendición de cuentas no puede ser abstrusa, debe de ser comprensible por todos y evitar equívocos.

Sexta. Con transparencia, rendición de cuentas y evaluación se evangeliza mejor. Se convence más con buenas prácticas que con grandes discursos.

Respecto a las propuestas concretas, salieron estas:

  • Metodología profesional. Tenemos que estandarizar y generalizar nuestros procesos de evaluación y la información de rendición de cuentas, a fin de que la emitida por todos los agentes implicados sea agregable y medible. Para controlar, hay que tener planes y presupuestos y generar indicadores adecuados a la evaluación que se quiera realizar.
  • El número 98 del DF nos ofrece ya unos mínimos a considerar: abusos sexuales, situación financiera, estilo de vida de los pastores, planes pastorales, métodos de evangelización y respeto a la dignidad de las personas, incluyendo lo que respecta a las condiciones de trabajo dentro de las instituciones eclesiales.
  • Tenemos que usar profusamente y mejorar todas las redes sociales, empezando por la web diocesana.
  • También es importante enseñar los datosque se obtengan por nuestro control interno y explicarlos en las asambleas parroquiales y diocesanas.
  • Es vital que las parroquias estén involucradas en el proceso de control y que haya coordinación entre el consejo parroquial y el económico, y que haya siempre algún miembro de éste en el primero.
  • Todas las decisiones que se tomen han de ser públicas, estando atentos a mejorar las formas de comunicación.
  • El control debe de ser participativo: mediante encuestas, hay que saber tanto los temas que más interesan a los fieles como su opinión sobre la marcha de la parroquia.
  • Los párrocos han de delegar el mayor número de funciones posibles a los laicos, muy especialmente en este tema.
  • Dadas las exigencias técnicas relacionadas con el control, debe crearse un equipo centralizado en la diócesis al servicio de las parroquias.
  • Tenemos que crear una cultura de rendición de cuentas a todos los niveles, tanto para los ordenados como para los laicos, que ahora no tenemos.

Al releer mis notas, veo que seguramente deberíamos haber tenido más tiempo para conversar entre nosotros y, sobre todo, para reflejar bien las aportaciones habidas. Tomar notas a mano exige un ritmo pausado y una mesa donde apoyarse, y carecimos bastante del primero y totalmente de la segunda.  En cualquier caso, lo importante es que los que allí estuvimos, alrededor de una docena, éramos muy conscientes de la importancia de este tema, y de las grandes carencias que tenemos ahora respecto al mismo.

Hay que alabar el camino emprendido este curso, pero deberá pasar la prueba del algodón de si se producen cambios en la estructura para la toma de decisiones. La puesta en marcha de las conclusiones del Sínodo debe tener impacto real, no solo formal.

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