El Pilar extiende su acción social más allá de Aragón

David López
10 de octubre de 2026

La Basílica afronta el camino hacia el bimilenario de 2040 con proyectos que van mucho más allá de la conservación de su patrimonio. Catarroja, Angola y Jerusalén son algunos de los lugares en los que la devoción pilarista se está traduciendo en vínculos de fraternidad y ayuda concreta.

La preparación de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar para el bimilenario de la tradición de la venida de la Virgen a Zaragoza, que se celebrará en 2040, no se limita a restauraciones, obras o mejoras patrimoniales. Junto a ellas, el Cabildo Metropolitano está impulsando una dimensión social que pretende hacer visible que la devoción a la Virgen también se expresa en el servicio y en la fraternidad.

«Al mismo tiempo vamos trabajando en otras cosas que no tienen que ver con lo material», explica José Antonio Calvo, portavoz del Cabildo Metropolitano. Entre ellas se encuentran distintas «líneas de acción social» que alcanzan lugares tan diferentes como Catarroja, Angola o Jerusalén.

En el colegio El Pilar, de Jerusalén, estudian 210 niñas palestinas, tanto cristianas (30%) como musulmanas (70%) pertenecientes a las familias más pobres de Jerusalén Oriental y alrededores.

Un vínculo con Catarroja después de la DANA

Una de esas iniciativas ha nacido tras la DANA que golpeó gravemente la Comunidad Valenciana. La Basílica mantiene una colaboración con una parroquia de Catarroja afectada por las inundaciones.

Para Calvo, no se trata únicamente de prestar una ayuda puntual, sino de crear «un vínculo de fraternidad desde la fe» que permanezca más allá de la emergencia y acompañe a una comunidad que continúa recuperándose de las consecuencias de la catástrofe.

Del Pilar a Angola

La acción social del Pilar alcanza también Angola, donde desarrolla su labor el sacerdote aragonés Rafael Rodríguez. Allí atiende una capilla que está llamada a convertirse en parroquia.

Esta colaboración abre un vínculo entre la Basílica zaragozana y una comunidad cristiana situada a miles de kilómetros, dentro de esa dimensión universal que el proyecto Pilar 2040 quiere reforzar.

La comunidad congoleña que lidera el P. Rafael Rodríguez quiere convertirse en parroquia.

Una obra pía en Jerusalén

Otro de los proyectos se encuentra en Tierra Santa. Se trata del colegio Nuestra Señora del Pilar de Jerusalén, una obra pía vinculada al Pilar y caracterizada, según destaca Calvo, por su «multiculturalidad».

El centro «está pasando por muchas dificultades», en un contexto especialmente complejo para la población de Tierra Santa. La vinculación con el colegio constituye así otra de las líneas de acción social que el Cabildo quiere cuidar y fortalecer.

Preparar el Pilar para 2040

Esta dimensión solidaria avanza al mismo tiempo que las grandes actuaciones patrimoniales previstas con vistas a 2040. La nueva iluminación de la Santa Capilla y del Altar Mayor constituye ya, en palabras del arzobispo de Zaragoza recogidas por Calvo, «un fruto tangible» del proyecto.

A ella se suman la restauración de la cúpula Regina Patriarcarum y las futuras intervenciones en las torres, la cúpula central y, especialmente, la Santa Capilla, el Camarín y la propia imagen de la Virgen.

«Nos gustaría que el Pilar estuviese como recién hecho», resume Calvo.

Pero el camino hacia 2040 quiere ir más allá de la piedra, la pintura o la iluminación. Junto a la recuperación de su extraordinario patrimonio, el Pilar busca que la devoción a la Virgen siga generando también fraternidad, solidaridad y presencia allí donde más se necesita.

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