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Don Ángel, a los jóvenes en el Encuentro Vocacional: «Estáis llamado a la felicidad»

Diócesis de Barbastro-Monzón
22 de marzo de 2026

El sábado 21, la Casa de la Iglesia de la diócesis acogió a más de un centenar de jóvenes que, acompañados por catequistas, animadores y sacerdotes, se dieron cita para participar en una jornada vocacional junto al obispo, don Ángel. No fue un encuentro más, sino un espacio de búsqueda compartida, de preguntas abiertas y de escucha atenta.

La mañana comenzó con una dinámica que rompió esquemas y grupos habituales. Jóvenes procedentes de los cuatro arciprestazgos se mezclaron entre sí para descifrar, entre textos bíblicos y acertijos, un entramado de pistas que evocaba ese “enredo” que tantas veces se presenta a la hora de elegir camino. No se trataba solo de jugar, sino de intuir que la vida, como aquellas pruebas, requiere paciencia, luz y compañía.

Después tomó la palabra don Ángel, quien, lejos de ofrecer respuestas abstractas, planteó situaciones concretas: historias reales de jóvenes de la diócesis marcadas por dificultades familiares, relaciones complejas, dudas académicas, amistades frágiles o experiencias de adicción. No eran relatos ajenos, sino espejos en los que reconocerse, preguntas que interpelaban directamente a la vida de los presentes.

Las voces de cuatro testimonios pusieron rostro a esa realidad. Lucía, educadora social vinculada a los Mercedarios en el acompañamiento en prisiones, compartió cómo, en medio de la búsqueda de trabajo y en una peregrinación a Medjugorje, descubrió un camino que no había previsto, pero que reconoció como respuesta de Dios.

Yolanda relató su paso por la adicción a la heroína, la caída en la delincuencia y la experiencia de la cárcel, pero también el proceso de reconstrucción personal sostenido por el acompañamiento y el amor recibido.

Jaime Cruz, sacerdote colombiano hoy en la unidad pastoral de Barbastro, habló de una llamada que se insinuaba ya en su infancia, una intuición persistente de entrega que con el tiempo se convirtió en vocación sacerdotal.

Cerró Dafne Sierra, de 21 años, con un testimonio sencillo y luminoso: la fe vivida en familia, el arraigo en su hermandad y la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa como impulso decisivo.

El almuerzo posterior prolongó el encuentro en un tono más cercano. Entre bocados y conversaciones, surgieron preguntas, confidencias y diálogos espontáneos con los ponentes. Los jóvenes comenzaron a conocerse más allá de sus grupos habituales, descubriendo afinidades, inquietudes comunes y nuevas amistades.

La jornada encontró su culmen en la exposición del Santísimo. En ese clima de silencio y recogimiento, una dinámica de “línea de vida” invitó a cada participante a recorrer su propia historia: momentos de alegría y de herida, decisiones, pérdidas y descubrimientos. Todo fue puesto ante el Señor, como quien reconoce que incluso lo fragmentado puede ser transformado. Y en ese ejercicio brotó, inevitable, la pregunta esencial: “Señor, ¿qué quieres de mí?”.

Don Ángel despidió a los jóvenes con una palabra clara y cercana: están llamados a la felicidad. Les recordó que no caminan solos, que cuentan con el acompañamiento de sacerdotes, catequistas y la pastoral juvenil vocacional, disponibles para sostenerles en el discernimiento. Porque, en medio de tantas voces, sigue habiendo una que llama por su nombre y espera respuesta.

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