Día Mundial de la Discapacidad: «Mucho han cambiado las cosas… y aun así sigue quedando un largo camino por recorrer»

David López
30 de noviembre de 2025

La Iglesia celebra cada 3 de diciembre el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Este año, los obispos españoles han vuelto a subrayar que toda vida humana posee una dignidad “única, infinita e inalienable”, tal como recuerdan en su reciente texto sobre la atención pastoral a las personas con discapacidad. El documento, publicado por la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado, insiste en que la dignidad no depende de la funcionalidad de los sentidos ni de las capacidades físicas, sensoriales o intelectuales, sino del hecho de ser criaturas amadas de Dios.

Los obispos alertan de que, pese a los avances sociales, persisten situaciones de fragilidad, discriminación y vulnerabilidad, y animan a las comunidades cristianas a derribar barreras arquitectónicas e interiores, además de reconocer la aportación única que cada persona hace al bien común. Recuerdan también la llamada del papa Francisco: «¡Nadie se salva solo!», subrayando que la debilidad de unos es ocasión para la solidaridad de todos.

La voz de Aragón: Mª Pilar Martínez

En este Día de la Discapacidad, el testimonio que resuena con especial fuerza en Aragón es el de Mª Pilar Martínez, laica de la Archidiócesis de Zaragoza, que ofrece una mirada honda, creyente y lúcida sobre lo que significa vivir la fe desde la discapacidad. Su experiencia personal, marcada por la superación, la inclusión progresiva y un profundo sentido eclesial, ilumina el mensaje de los obispos con una verdad encarnada.

En su relato, Mª Pilar recuerda que no siempre se tuvo en cuenta a las niñas y niños con discapacidad en la catequesis o en los grupos parroquiales, y confiesa que ella misma no pudo asistir a catequesis en su infancia. Sin embargo, más adelante fue acogida en el grupo juvenil de su parroquia, donde comenzó un camino de integración y crecimiento comunitario. De ahí nace su reflexión, que da título a este artículo: «Mucho han cambiado las cosas… y aun así sigue quedando un largo camino por recorrer».

Contraportada Heraldo / 05-11-2021 /. Parque Jardines de Avempace, Entrevista con María Pilar Martínez-Barca FOTO: GUILLERMO MESTRE

Sacramentos que levantan y envían

Uno de los aspectos más profundos de su testimonio es el papel de los sacramentos como fuente de inclusión y crecimiento. Mª Pilar narra que fue bautizada en el hospital, que su Primera Comunión llegó casi de forma providencial —«Esta niña tiene que comulgar», recuerda que dijo el sacerdote— y que la Confirmación supuso para ella una auténtica experiencia del Espíritu.

A partir de ahí, los sacramentos se convirtieron en “acicate de superación e inclusión social”, una fuente permanente de fortaleza, reconciliación y plenitud.

También señala una necesidad pastoral de primer orden: la atención personalizada en la confesión. Para Mª Pilar, quien acoge y escucha “debe adaptarse al lenguaje y a la forma de expresión del asistido: verbal, corporal, de signos, escrito…”, evitando gestos paternalistas o absoluciones automáticas.

Escuchar y aprender

El testimonio de Mª Pilar está entrelazado con experiencias internacionales de pastoral de la discapacidad. En él menciona la participación de conferencias episcopales y asociaciones de varios países, y recoge la voz de creyentes con síndrome de Down, personas sordas, ciegas o con discapacidades severas.

Entre estas voces destaca una frase que sintetiza un deseo compartido:
«Si supierais las ganas que tenemos de ser cristianos de primera, no discapacitados florero o armario».
Una aspiración que interpela de lleno a las comunidades eclesiales.

Un compromiso renovado

El horizonte que dibujan el documento episcopal y el testimonio de Mª Pilar converge en una misma urgencia: una Iglesia verdaderamente inclusiva, accesible, sinodal, donde cada persona pueda participar plenamente en la vida y misión comunitaria.

En este 3 de diciembre, la Iglesia en Aragón reafirma su compromiso de reconocer, proteger, acompañar y promover a cada persona con discapacidad. No como destinatarias pasivas de cuidado, sino como protagonistas de evangelización, portadoras de una riqueza espiritual que —como recuerda Mª Pilar— nos ayuda a ver, escuchar y sentir de otra maneradentro del Pueblo de Dios.

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