El pasado viernes celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, San Juan Pablo II decía que “el corazón nos habla de la espiritualidad del hombre y en el Corazón de Jesús se nos muestra el misterio de amor de aquel Hombre crucificado que era a la vez el Hijo de Dios” Jesús define su corazón como “manso y humilde” y de esa definición arranca la invitación “aprended de mí” (Mt 11, 29). San Bernardo concretará ese aprendizaje en “abrirnos al gran misterio de la piedad y a las entrañas de misericordia de nuestro Dios” (Sermón 61).
Esta celebración nos remite a la imagen que contemplamos el Viernes Santo, el corazón de Jesús abierto por la lanza, derramando a su vez, todo lo que tiene, sangre y agua o también, la imagen del Corazón de Jesús en llamas que contempla Santa Margarita. Más allá de estas imágenes que alimentan nuestra devoción, debemos preguntarnos cuál debe ser nuestra respuesta a este amor o mejor, cómo nos puede ayudar en nuestra vida para ser buenos cristianos, buenos seguidores de Jesús, buenos hermanos entre nosotros.
El primer compromiso es la reparación, saber corresponder a este amor generoso y atento de Cristo con amor, aprender a amar como Cristo nos ama. Un amor eterno que nosotros tenemos que concretar en amar con paciencia, sin acepción de personas, con misericordia, con perdón y con mansedumbre. Así que examinémonos para ver qué nos falta de estas características del amor y, si quizá nos falta mucho, no debe ser motivo de derrotismo o sentirnos Incapaces, sino que desde la humildad nos tenemos que abrir más a la gracia de Dios. En este camino de la reparación tenemos que pensar en los pobres porque nos dijo el Papa Francisco “el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, ¡tanto que hasta Él mismo se hizo pobre!” (Evangelium Gaudium, 197), se rebajó de su condición divina para asumir nuestra pobreza y elevarnos a la riqueza de ser hijos. Esta es nuestra tarea, ser cercanos a los pobres para ayudarlos a descubrir su dignidad de hijos. Esto también se consigue con la ayuda material a los más necesitados. El Papa León XIV en su exhortación Dilexit te nos habla de “la conexión entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres” (3).
Otro compromiso para nuestra vida cristiana es que tenemos que descubrir y unir la devoción al Corazón de Jesús con la Eucaristía. Quiero hacer una referencia a la devoción popular de los primeros viernes de mes, esa comunión reparadora del primer viernes. Así se lo pidió a Santa Margarita en las apariciones, expresando esa necesidad que tenemos todos de alimentar nuestra alma con la Eucaristía, de unirnos al corazón roto de Cristo, fuente de infinita misericordia. No podemos separar la devoción al corazón de Jesús y el amor a la Eucaristía. Cristo está presente de forma real en el pan y en el vino y, cuando lo adoramos y lo recibimos en la comunión, estamos dejándonos llenar de su amor fuente de vida y de salvación.
Que seamos personas devotas del corazón de Cristo y así la Eucaristía será lo fundamental de nuestra vida cristiana.