Gran riqueza de gestos y palabras nos ha dejado la primera visita del Papa León a España. Tenemos muchas esperanzas en ella.
Ha sido una suerte que haya elegido nuestro país para realizar uno de sus primeros viajes. En nuestra diócesis nos hemos preparado con mucha ilusión, especialmente a través de dos vigilias, que nos han unido al resto de las diócesis; una con jóvenes en la Catedral el día 19 de mayo y la otra con familias el día 29 de mayo en la basílica del Santo Sepulcro en Calatayud.
Cuando escribo esta carta estamos aún en plena visita del Papa, por eso, voy a recoger algunas de sus enseñanzas que nos ha dejado.
Habla con insistencia de la reconciliación, de la verdad y la unidad, de la dignidad de la persona humana, como base de todo. Así lo dijo en su primer discurso y lo compartió con énfasis en el Parlamento, ante nuestros representantes políticos.
La persona humana es el centro, su dignidad desde su concepción hasta su muerte natural es incuestionable, sea cual sea su salud física o mental. La persona es sujeto de derechos y obligaciones y, tiene que ser lo que inspira todas las leyes, denunciando con claridad la cultura del descarte.
Su llamada a colaborar todos para construir un futuro mejor ha sido clara, considerando que tienen que estar incluidos los pobres y los emigrantes, para los que ha pedido acogida. Como viene haciendo desde el primer momento de su Pontificado ha condenado la guerra y rearme.
Muy significativa fue su encuentro con los pobres en el centro de Caritas del Barrio De Lucero, en Madrid. Era su segundo acto del viaje y así ha querido subrayar la importancia de cuidar a los pobres, “el Señor nos invita a mirar a los que sufren a los ojos y hacer de la ayuda un encuentro de hermanos unidos en él único abrazo del Padre”. Los pobres son parte de la Iglesia, no pueden estar al margen de nuestras preocupaciones.
El primer encuentro en el que participé ha sido la vigilia de oración con jóvenes al que acudimos un autobús de nuestra diócesis. Tuvo dos momentos, el primero fueron seis preguntas formuladas por jóvenes. Les invitó a buscar siempre la verdad, conscientes de que las ideologías crean división. Muy clara fue su llamamiento a ser humanos, cercanos, fiables para acoger a todos y desde ahí proponer el mensaje del Evangelio que transforma. Invitación también a ser protagonistas en nuestra sociedad, en el mundo de la familia, de la universidad, del trabajo. No tener complejos porque seamos pocos o porque la sociedad parece que va por otros caminos, no son verdaderos. La segunda parte fue una adoración ante el Santísimo. Sin la oración no podemos caminar, la oración nos comunica con Jesús y entre nosotros. Impresionante el silencio de 500.000 personas para rezar y adorar. Un gran testimonio que edifica a los que vivimos ese momento. La ilusión y la alegría con la que salieron los jóvenes justifica ya este viaje del Papa León.
Recemos para que los frutos de este viaje sean muchos y abundantes en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.