Carta del Arzobispo de Zaragoza: «Renovar los consejos para la misión»

Carlos Escribano Subías
23 de octubre de 2026

Los días de las fiestas en honor de la Virgen del Pilar vinieron este año salpicadas por un anuncio atípico por parte del papa León cuando nos comunicó que tenía que ser intervenido de un nódulo pulmonar cancerígeno. La Iglesia universal, a la que su unió Zaragoza, se puso en oración pidiendo al Señor y a su santísima Madre por la pronta y plena recuperación del Romano Pontífice.

Todos recordamos con singular afecto su viaje a España en el mes de junio pasado y las propuestas que nos dejó en sus muchas alocuciones y homilías. Permitidme que me quede con una que ilumina de modo providencial el momento que nuestra Iglesia diocesana está viviendo. Decía León XIV a los Obispos españoles que “el camino sinodal emprendido por la Iglesia, es un proceso de escucha en profundidad. Ser capaces de reconocer la voz de Dios que habla a través de la comunidad eclesial, es uno de sus valores fundamentales”.

Esa experiencia sinodal que el Papa nos llama a consolidar tiene una expresión práctica en los distintos Consejos. De hecho, en estos días, nuestra diócesis vive un momento de profunda comunión y dinamismo con la renovación del Consejo Presbiteral y del Consejo Diocesano  Pastoral. En efecto, en el mes de mayo de 2021 fueron constituidos ambos unos meses después de mi llegada a Zaragoza. Cinco años después deben ser renovados, conforme a derecho.  Lejos de ser un mero trámite administrativo, este acontecimiento nos invita a tomar conciencia de cómo la sinodalidad —el «caminar juntos» al que nos convoca la Iglesia— se encarna en la vida real. Junto con el Consejo Parroquial de Pastoral, estos tres órganos constituyen los instrumentos sinodales por excelencia de la diócesis y de nuestras comunidades. Son los cauces donde los sacerdotes, la vida consagrada y los laicos nos sentamos a la misma mesa para escuchar la realidad y a los hermanos, discernir juntos la voluntad de Dios y proyectar la misión evangelizadora en comunión.

Sin embargo, para que el impulso de los consejos diocesanos dé fruto verdadero, debe alimentarse del latido cotidiano de nuestras comunidades. La sinodalidad no es una mera teoría abstracta, sino que cobra rostro cercano y concreto en cada parroquia y, en su caso en los arciprestazgos y vicarías, a través de los consejos pastorales. El consejo debe ser el corazón pastoral donde se promueve la oración, se acompaña la catequesis, se estimula la caridad, se coordinan las acciones pastorales y se busca respuesta a los retos de nuestro entorno desde la corresponsabilidad y el diálogo sincero.

Por todo ello, la renovación de los Consejos diocesanos debe convertirse en un estímulo directo para mirar nuestras propias comunidades con ojos nuevos, animándonos a cuidar y fortalecer nuestros Consejos Parroquiales de Pastoral. Cuidar este espacio significa garantizar que sea un lugar de encuentro cálido y participativo; también renovarlo implica abrir las puertas a nuevas voces, familias y jóvenes que enriquezcan la mirada común; y potenciarlo supone recordar que la evangelización es un compromiso compartido por todo el pueblo de Dios. Fortalecer nuestros Consejos es en definitiva es cuidar la salud espiritual y misionera de nuestra Iglesia diocesana para seguir caminando juntos con esperanza y alegría y anunciar el evangelio en este momento de la historia que nos toca vivir.

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