En la villa de Graus, la llegada del mes de octubre marca el regreso de una de las manifestaciones religiosas y culturales más arraigadas: el Rosario de la Aurora. La Cofradía de Nuestra Señora del Rosario mantiene intacto este patrimonio espiritual que se remonta al año 1600, coincidiendo con la fundación del convento de los dominicos en la localidad. La celebración transforma la quietud de la noche en un espacio comunitario donde vecinos de todas las edades se congregan para cantar y rezar.
El rito comienza puntual a las 5:00 de la mañana junto al monumento a Joaquín Costa. Allí da inicio la popular «Despierta», una comitiva itinerante que recorre el casco antiguo con el objetivo de convocar a los vecinos La dinámica del rezo posee una estructura musical propia y participativa. Los hombres se posicionan a un lado y las mujeres al frente, entonando coplas pegadizas donde se responden mutuamente las frases. Para facilitar el seguimiento, la cofradía distribuye hojas impresas con las letras de los cantos.
Acompañados por el repique de una campana, los fieles efectúan un periplo de 23 paradas a lo largo del pueblo. En cada una de ellas se entona una canción diferente con su respectivo estribillo. El repertorio abarca entre 116 y 120 coplas, lo que permite cambiar los cantos en cada jornada. Cuando las condiciones meteorológicas son adversas y aparece la lluvia o el frío, los asistentes recurren al canto «a bando», uniendo las voces de hombres y mujeres para agilizar la marcha al grito de vivas a la Virgen y a Santo Domingo.
El recorrido adquiere un matiz especialmente emotivo al pasar ante las hornacinas dedicadas a los santos y a la Virgen distribuidas por el municipio, como la de la Virgen del Muro en el barrio del Barrichos o la de San Joaquín y Santa Ana. Asimismo, en la jornada de Todos los Santos, las coplas se dirigen de manera especial al recuerdo de los difuntos.
Entre el café del mesón, la procesión y la eucaristía
Tras más de dos horas de itinerario por las calles en penumbra, la comitiva hace una pausa reponedora para tomar un café en el mesón antes de encarar el tramo central de la mañana.
A las 7:30, la actividad se traslada a la iglesia de San Miguel, desde donde parte la procesión con la imagen de la Virgen del Rosario. En cada cita -los domingos de octubre, el día del Pilar y el de Todos los Santos- la comitiva recorre un barrio distinto, como el Barrichós, las Pueblas o la calle Barranco, entonando el Ave María. El recorrido concluye de vuelta en el templo parroquial para la celebración de la Misa en la capilla del Santo Cristo.
Para cofrades como Tere Mur, que suma unos 20 años saliendo de forma ininterrumpida cada domingo, el Rosario de la Aurora es una vivencia entrañable y un verdadero espacio de encuentro vecinal. La devoción a la Virgen del Rosario cuenta con una impronta permanente en la iglesia de San Miguel, donde su capilla permanece siempre iluminada.
Este año se incorporará el nuevo moderador de la unidad pastoral, el sacerdote Alfonso Pabón, sumándose a una comitiva por la que en ocasiones también ha caminado el obispo don Ángel. Desde la cofradía animan a todos los vecinos y visitantes a sumarse a estas madrugadas de fe y descubrir el ambiente singular del pueblo bajo la luz de la aurora.