Precedida por una multitudinaria ofrenda de flores y frutos, la Catedral de Barbastro acogió la eucaristía en el día de la Natividad de la Virgen María, en el marco de las fiestas patronales de la localidad. El obispo diocesano presidió la misa, concelebrada por sacerdotes de la Unidad Pastoral, solemnizada por el Grupo Tradiciones, y con asistencia de autoridades locales y provinciales, así como de asociaciones y entidades de la ciudad.
En esta ocasión, las damas mayores, infantiles y de la Peña Ferranca tuvieron un protagonismo muy especial. A ellas se dirigió don Ángel durante la homilía, animándolas a mantener su libertad, dignidad y autenticidad en un mundo lleno de presiones sociales, tomando como referentes a la Virgen María y a san Ramón, patrón de la diócesis. «Vivimos rodeados de gente que nos dice cómo tenemos que vestir, qué tenemos que pensar, qué tiene que gustarnos, qué cuerpo debemos tener, a quién debemos seguir y hasta qué debemos hacer para que los demás nos acepten. Y al final sucede algo bastante curioso: todos nacemos originales… y muchos terminamos siendo fotocopias».
Ante esta realidad, se planteó a las jóvenes una serie de compromisos de valentía cotidiana: «¿Te atreves a ser tú? ¿Te atreves a pensar por ti misma? ¿A decir NO cuando todos dicen sí? ¿A defender a la compañera de la que todos se ríen? ¿A no necesitar un ‘like’ para saber lo que vales?».
Dos figuras a contracorriente: María y San Ramón
La homilía puso en paralelo la figura de María de Nazaret con la de san Ramón, patrón y antiguo obispo de la diócesis: una muchacha sencilla y un obispo medieval que, según se destacó, tuvieron en común «que se atrevieron a ser ellos mismos porque se atrevieron a fiarse de Dios». Al profundizar en la trayectoria de ambos, lanzó algunas preguntas sobre la verdadera naturaleza del éxito personal:
«¿Se puede perder… y, sin embargo, ganar? ¡Claro que sí! Porque María perdió seguridades… pero ganó libertad. Ramón perdió poder… pero no perdió su dignidad. Y hay personas que aparentemente lo ganan todo -éxito, popularidad, aplauso- y terminan perdiéndose a sí mismas. Triunfar no es tener más seguidores, ni ser la más guapa, ni gustar a todo el mundo… Triunfar es poder mirarte al espejo y decir: ‘Esta soy yo. Con mis talentos y mis límites’», reflexionó el obispo.
Los «cordones de la victoria» y la entrega del frontal
Uno de los momentos más singulares del acto llegó con la entrega a las damas de los «cordones de la victoria», un obsequio repartido de la mano de la mantenedora de las fiestas, Aida Ribalta Bardají, y la concejala de Fiestas, Elena Olivera. Estos cordones reproducen las inscripciones de fortaleza, apoyo y victoria halladas en el galón de la casulla de san Ramón. Un símbolo, señaló Mons. Pérez Pueyo, de que la victoria más difícil «no consiste en vencer a los demás, sino en vencer aquello que no te deja ser tú: el miedo al qué dirán, la necesidad de gustar o la presión del grupo».




