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La Archidiócesis de Zaragoza acoge la ordenación de cuatro nuevos diáconos permanentes

Rocío Álvarez
7 de septiembre de 2026

Rafael Castro, Andrés Gil, José Antonio Ibáñez y Enrique Romance han sido ordenados en la Catedral-Basílica del Pilar por el arzobispo monseñor Carlos Escribano, quien les ha urgido a ser «centinelas del pueblo de Dios y signo visible de Cristo Servidor».

La Archidiócesis de Zaragoza vive este domingo, 6 de septiembre, una jornada de profunda alegría eclesial. La Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar ha acogido a las 17:00 horas la solemne liturgia de ordenación diaconal de cuatro nuevos ordenandos: Rafael Castro Martín, Andrés Gil Teresa, José Antonio Ibáñez Martínez y Enrique Romance Herrera.

Tras realizar el pasado mes de julio su profesión de fe y juramento de fidelidad, los cuatro candidatos —todos ellos casados y rodeados por sus esposas e hijos— han dado el paso definitivo para recibir el sacramento del Orden en su grado de diaconado permanente. Con esta celebración, la Iglesia diocesana fortalece de manera sustancial su estructura y acción pastoral, pasando de ocho a doce diáconos permanentes al servicio de la comunidad.

«Centinelas» y configuración con Cristo Servidor

Durante su homilía, el arzobispo de Zaragoza, don Carlos Escribano, ha querido destacar el valor profundo de este ministerio, recordando que no se trata de una simple delegación de funciones o de un encargo pasajero, sino de una «configuración ontológica con Cristo (Christus Servus) que marca para siempre con un carácter imborrable».

A la luz de la Liturgia de la Palabra, el Arzobispo ha subrayado la figura del centinela tomada del profeta Ezequiel:

«El Señor os constituye en centinelas para su pueblo. En la misión que se os encomienda tenéis que tener los sentidos y el corazón atentos para poder acompañar y servir a la gente que se os confíe y llevarlos muy cerca de Dios. Vuestra misión no será buscar el aplauso ni complacer las inercias del mundo, sino pronunciar la palabra de Dios con caridad y fortaleza».

Asimismo, don Carlos ha destacado la especial naturaleza de la vocación de estos cuatro hombres, en la que se entrelazan armónicamente el sacramento del Matrimonio y el sacramento del Orden. Ha expresado un sincero agradecimiento a sus familias y esposas por compartir esta experiencia alegre que tanto enriquece a la diócesis, recordando que «la familia es el primer lugar donde la voz de Dios debe ser escuchada y vivida».

Puentes de comunión y servicio a los necesitados

En sus palabras a los nuevos diáconos, el prelado ha insistido en que no son «meros gestores de la caridad eclesial», sino «el sacramento de Cristo que se inclina a lavar los pies de los hombres en el día a día de nuestros barrios y ciudades».

Del mismo modo, ha definido el diaconado permanente como un puente de comunión en la Iglesia:

«El diácono permanente no viene a sustituir a los laicos en su misión secular ni a suplir la escasez de presbíteros; viene a recordar a los laicos su vocación al servicio y a los sacerdotes la dimensión servidora de su ministerio».

Plegaria bajo el manto del Pilar

La celebración ha culminado invocando la protección maternal de la Santísima Virgen del Pilar sobre Rafael, Andrés, José Antonio y Enrique, encomendando su futuro ministerio para que sean fieles testigos de Cristo en sus familias, trabajos y parroquias, y renueven el impulso misionero en toda la Archidiócesis.

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