Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad recibe a las advocaciones de la Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe bajo el signo de la comunión

Diócesis de Barbastro-Monzón
5 de septiembre de 2026

Alrededor de cuarenta advocaciones marianas de las diócesis de Barbastro-Monzón y Lérida han participado este sábado, 5 de septiembre, en la 47.ª Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe que ha acogido Torreciudad. En un ambiente de profunda fraternidad y bajo el lema «Una Madre, muchas advocaciones, una sola familia», el encuentro, presidido por el obispo de Barbastro-Monzón, ha reunido a cientos de peregrinos llegados de diversos rincones de la geografía diocesana y de comarcas vecinas de Aragón y Cataluña.

A primera hora de la mañana, la imagen románica de Nuestra Señora de los Ángeles ha regresado a su ermita-santuario original para recibir a los romeros que, desde las 10 horas, han ido presentando sus advocaciones a la Virgen. Allí, y tras el canto Santa María del Camino y las lecturas del evangelio de la Visitación y de un texto de san Josemaría sobre Torreciudad, Mons. Ángel Pérez Pueyo ha venerado con un beso la imagen anfitriona y ha dado paso a un emotivo gesto: la confección del Manto de la Comunión.

Vecinos de Bolturina, Secastilla, Ubiergo y La Puebla de Castro han ido entrelazando las cintas con los nombres de las advocaciones participantes, hasta que don Ángel ha colocado la cinta final con la palabra «comunión». Acto seguido, el obispo ha elevado una oración a la Virgen para que, de la misma manera que las cintas se unían en un mismo manto, enseñara a la comunidad a caminar junta como una sola familia. “Madre, haz Tú con nosotros lo que ahora nuestras manos van a hacer con estas cintas: une lo que está separado, acerca lo que está distante, cura lo que esté herido, haznos agradecer el bien recibido y enséñanos a caminar juntos”, ha pedido el prelado.

A continuación, se ha iniciado la marcha hacia el nuevo templo, encabezada por la cruz procesional y el Manto de la Comunión, y seguida por las imágenes marianas ordenadas alfabéticamente, así como por la reliquia de san Ramón, cuyo Año Jubilar esta celebrado la diócesis.

 

Una sola Madre y una sola familia

Ya en el interior, y con la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles en un lugar de honor, don Ángel ha presidido una participada eucaristía, en cuya homilía ha subrayado la riqueza de la devoción mariana en la diócesis -con hasta 137 advocaciones catalogadas-, expresión del amor filial: «No tenemos 137 madres; tenemos una sola Madre».

En sus palabras, el obispo ha enfatizado el valor fundamental de la comunión dentro de la Iglesia particular de Barbastro-Monzón, destacando la aportación de los distintos carismas e instituciones. Así, ha expresado su agradecimiento por la labor del Instituto del Verbo Encarnado en El Pueyo y, especialmente, por todo el bien realizado por la Prelatura del Opus Dei en Torreciudad a lo largo de los años.

En este sentido, ha manifestado el deseo de que Torreciudad siga siendo un gran foco de evangelización y pastoral familiar, plenamente integrado en la diócesis, y ha invitado a soñar con una «ruta Mariana» que impulse a los peregrinos a visitar también otros enclaves marianos del territorio, como Guayente, Bruis, la Carrodilla o El Pueyo.

«Sumemos. Multipliquemos. Soñemos juntos en comunión dentro de esta Iglesia particular de Barbastro-Monzón, de la Santa Iglesia Universal. En este Año Jubilar de san Ramón, nuestro viejo obispo de Roda nos diría hoy que seamos libres de todo aquello que nos impida caminar juntos», ha señalado, concluyendo con un nuevo ruego: «Madre de Torreciudad, recibe siempre a tus hijos en casa».

Tras la comunión, se ha procedido al acto de entrega de la bandera de la Romería, marcando la continuidad de un encuentro que camina hacia el medio siglo de tradición. Don Ángel hizo entrega del testigo al representante de la Diócesis de Lleida, emplazando a los fieles a reunirse el próximo año en tierras ilerdenses para dar continuidad a esta tradición de fraternidad mariana.

El encuentro ha concluido ante la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles con el canto de la Salve, la bendición solemne impartida por Mons. Pérez Pueyo y el envío final a los peregrinos, dando por finalizada una jornada marcada por la piedad popular y el espíritu de comunión eclesial.

 

 

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