Comenzamos un nuevo curso pastoral. Y, como viene siendo tradición en nuestra diócesis de Barbastro-Monzón, lo hacemos de una manera muy nuestra: peregrinando a Lourdes con nuestros enfermos y ancianos. Este año, además, comenzamos bajo la mirada de san Ramón, cuyo Año Jubilar estamos celebrando. Nuestro obispo y patrono fue, ante todo, un hombre libre. Cada mes desgranamos las libertades que marcaron su vida y que pueden ayudarnos a vivir hoy el Evangelio con mayor autenticidad.
Y la primera quizá podamos aprenderla precisamente en Lourdes: ser libres para cuidar. Libres de nuestras prisas, del individualismo, de pensar que solo vale quien produce, quien puede, quien sabe o quien todavía se basta a sí mismo. Nuestros enfermos y mayores también nos evangelizan y nos ofrecen un regalo extraordinario: nos permiten aprender a querer. Por eso, gracias. Gracias a nuestra Hospitalidad de Lourdes y a tantos voluntarios.
Y gracias especialmente a nuestros jóvenes scouts. Cuando empujéis una silla, no olvidéis algo: no lleváis una silla; lleváis una historia. Quizá vayáis pensando que sois vosotros quienes acercáis al enfermo hasta María y regreséis descubriendo que ha sido él quien os ha acercado un poco más a Dios.
Y casi sin tiempo para deshacer las maletas, nuestra diócesis volverá a ponerse en camino. El 5 de septiembre celebraremos en Torreciudad la 47 Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe. La imagen milenaria de Nuestra Señora de los Ángeles recibirá, desde su ermita-santuario, a las advocaciones que llegarán peregrinando desde nuestros pueblos.
Nuestra diócesis posee un extraordinario «fondo de armario» mariano: 137 advocaciones, 137 vestidos, pero una sola Madre. No son simplemente imágenes. Son la biografía espiritual de nuestros pueblos, el mapa mariano de nuestra diócesis: nombres, historias, lágrimas, promesas y generaciones enteras que aprendieron a dirigirse a María llamándola sencillamente Madre.
Y allí san Ramón puede enseñarnos otra libertad: ser libres para caminar juntos. Libres para salir de lo nuestro. Libres para encontrarnos. Libres para sumar. Libres para convertir nuestras diferencias en comunión. Quizá ese pueda ser nuestro pequeño programa para comenzar el curso: libres para cuidar, libres para caminar, libres para servir.
San Ramón, préstanos tu báculo. Pero recuérdanos que no es un cetro para mandar, sino un cayado para sostener al que flaquea.
Y tú, María, en Lourdes, en Torreciudad y en cada una de nuestras ermitas, enséñanos a ser una Iglesia verdaderamente libre: una Iglesia que mira, que cuida, que sale, que camina unida y que no deja a nadie atrás.
¡Buen curso pastoral a todos!
Con mi afecto y bendición
Ángel Javier Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón
