El director, Miguel Antonio Franco, resume el primer año como “muy positivo”, marcado por la adaptación a unas infraestructuras que han transformado la dinámica educativa. “El primer curso siempre es de asentamiento, pero las posibilidades que ofrece este edificio son enormes”, afirma. La mejora acústica y el entorno natural han generado un clima de serenidad que, según Franco, se notó desde el primer día: “Aquí, con este tono de voz, sobra. Eso transmite tranquilidad y ayuda a la convivencia”.
El centro ha registrado además un incremento notable de matriculaciones, convirtiéndose este curso en el colegio con más alumnos inscritos de Tarazona. “Es una alegría y también una responsabilidad”, señala el director, que interpreta este dato como un signo de confianza de las familias en el proyecto educativo.
La identidad del colegio —un centro de la Iglesia, abierto a la trascendencia, a las virtudes cristianas y al servicio— continúa siendo el eje de su propuesta. Este curso se reforzará el trabajo en normas de urbanidad, un sello tradicional de la SAFA. “Es un patrimonio del colegio que debemos conservar: la buena educación en lo humano”, explica Franco.
El acompañamiento personal sigue siendo uno de los rasgos distintivos del centro. “Aquí conocemos a cada alumno y a su familia. El cariño y el afecto están garantizados”, subraya el director. La colaboración con las familias se articula a través de la Asociación de Padres, tutorías y reuniones con el equipo docente.
El colegio mantiene también una presencia activa en la vida de Tarazona, participando en actividades municipales y desarrollando iniciativas como las Tardes Solidarias en la residencia de Palmerola, donde los alumnos acompañan a personas mayores.
El principal reto del curso será seguir perfeccionando la adaptación a las instalaciones del Seminario y aprovechar todas las posibilidades que ofrecen para continuar creciendo como comunidad educativa al servicio de la Iglesia y de la ciudad.




