Opinión

Maria Ángeles Ciudad

La «resaca» del Encuentro de Laicos

13 de agosto de 2026

Me llamo María Ángeles (Marian para los amigos), tengo 53 años, estoy casada y tengo dos hijas. Soy la presidenta de ACG Zaragoza y he tenido la suerte de participar el pasado mes de julio en el Encuentro de Laicos celebrado en Málaga. Dos días y medio donde gente de 50 diócesis nos juntamos para aprender sobre el acompañamiento al estilo de Jesús. Con ese estilo que nos muestra en el tan conocido pasaje del Evangelio de los discípulos de Emaús: de una manera sencilla, escuchando mucho, caminando al lado, empatizando, sin juzgar y hablando solo cuando es necesario.

Para ello trabajamos diferentes aspectos del acompañamiento. En forma de talleres, gente con amplia experiencia compartía la importancia de acompañar a otras personas de diferentes realidades: mujeres vulnerables, el mundo de la política, las redes sociales… Unos talleres donde los ponentes compartían su experiencia, pero también escuchaban las dudas y experiencias de las personas del taller, lanzaban preguntas, contaban cómo vivían ellos el ser acompañados, pero también la importancia de sentirse acompañados en dicha tarea.

Pude compartir, con gente de mi diócesis, la experiencia de jóvenes de mi diócesis, dialogando, intercambiando dudas y miedos con diferentes obispos y viendo cómo unos expresaban su tarea de acompañar o pastorear a gente de todas las edades, y cómo aprendían de los jóvenes sus especiales necesidades.

No puedo olvidar los momentos de oración y celebración, de recargar pilas juntos desde la Palabra de Dios y el sacramento de la Eucaristía, desde nuestra diversidad, pero sintiéndonos hermanos por encima de todo.

Pero, sin duda alguna, para mí, el momento más intenso del Encuentro fue la oportunidad de participar con D. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, en una entrevista/interacción sobre el ser cristianos en el día a día. Cuando me explicaron el formato y que ambos estaríamos a la vez en el escenario, alternando preguntas y respuestas, daba un poco de vértigo, la verdad, estar con una persona tan leída, conocedora de encíclicas, Doctrina Social de la Iglesia… y tan acostumbrada a entrevistas en la tele y la radio.

Cuando empecé, estaba muy nerviosa. ¿Qué podía yo aportar en esa entrevista? Y ante casi 800 personas. Una vez que comenzamos, me sentí muy cómoda, la verdad, porque, sin querer, la entrevista iba fluyendo y se iba conectando la «teoría» que D. Luis expresaba a modo de pinceladas sobre acompañar y ser acompañado con mi experiencia de acompañar a la gente en mi trabajo y familia, y cómo el estar acompañada por un equipo de vida y un acompañante espiritual me hacían sentir que esa teoría se traducía en mi manera de actuar en mi día a día y hacía que, en mi trabajo diario y en mi manera de actuar, estuviera evangelizando y ayudando a otros a ir descubriendo sus inquietudes, mientras yo crezco en comunidad y en mi vocación laical.

Al finalizar esta entrevista y el Encuentro me sentí reconocida, pero no con una medallita en el pecho, sino reconocida por el Espíritu, que, más consciente que yo misma de mis dones, me sigue llamando y enviando a la tarea de acompañar.

Agradezco al Padre la oportunidad de haber vivido esta experiencia, donde he podido cargar pilas, que seguro me harán falta para abordar el próximo curso. Quince días después del Encuentro, sigo con una gran «resaca», pero no de las que luego dan dolor de cabeza, sino de las que dan fuerza e impulso para seguir remando mar adentro y no cejar en el empeño de que yo, con Dios y con otros, podemos construir un mundo mejor.

Este artículo se ha leído 59 veces.
Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas

Este artículo se ha leído 59 veces.