Aragón mira al cielo: cuando el eclipse invita también a mirar más allá

Iglesia en Aragón
12 de agosto de 2026

Este 12 de agosto, buena parte de Aragón vivirá en primera fila el primer eclipse total de Sol visible desde la Península Ibérica en más de un siglo. Ciencia, historia y fe se encuentran durante unos minutos en un cielo que ha despertado una expectación extraordinaria.

Hoy no será un atardecer cualquiera en Aragón. Miles de personas buscarán un horizonte despejado hacia el oeste, prepararán sus gafas de protección y esperarán a que, poco a poco, la Luna vaya cubriendo el disco solar. Hasta que, en buena parte de nuestra tierra, llegue la oscuridad.

El eclipse total de Sol de este miércoles 12 de agosto es el primero que puede contemplarse desde la Península Ibérica desde 1912. La franja de totalidad atraviesa España de oeste a este y pasa por buena parte de Aragón. En Zaragoza, la totalidad llegará entre las 20.29 y las 20.30 horas; en Teruel, entre las 20.31 y las 20.32. Huesca capital contemplará el fenómeno de manera parcial.

La expectación da una idea de la excepcionalidad del momento. Más de 3.000 personas forman parte este miércoles del operativo dispuesto en Aragón para garantizar la seguridad y atender los puntos de observación, mientras las reservas en los espacios oficiales superaban ya esta mañana las 11.000.

Pero en Aragón mirar hacia arriba nunca ha sido del todo extraño.

Una tierra acostumbrada a mirar al cielo

En el Pico del Buitre, a 1.957 metros de altitud, el Observatorio Astrofísico de Javalambre escruta habitualmente un cielo privilegiado. Allí trabaja el Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (CEFCA), dedicado a la investigación en astrofísica y cosmología y responsable de uno de los grandes observatorios científicos españoles. Muy cerca, en Arcos de las Salinas, Galáctica acerca ese mismo universo al público y se ha convertido estos días en uno de los lugares de referencia para vivir el eclipse.

El CEFCA lleva meses preparando este momento con actividades científicas, educativas y divulgativas. Galáctica ha organizado para los días 11 y 12 de agosto una experiencia específica en torno al eclipse, con observación guiada, talleres y participación de especialistas internacionales.

Pero la relación de Aragón con las estrellas viene de bastante más atrás.

Hace exactamente cinco siglos, en 1526, un sacerdote natural de Cella, Francisco Martínez Zarzoso, matemático, teólogo y astrónomo, publicó un tratado relacionado con un ecuatorio, un instrumento destinado a calcular la posición de los planetas. Tras su formación en París regresó a su pueblo y desarrolló allí su actividad científica. Quinientos años después, en la misma provincia de Teruel, sofisticados telescopios vuelven a mirar al cosmos desde Javalambre.

Hay algo hermoso en esa continuidad. La curiosidad ante el cielo no empezó con nosotros.

Y tampoco es ajena a la fe.

la bibliotecaria del Obispado de Teruel, Inmaculada Gómez, con el incunable en el que habla del eclipse de 1485. Fuente: Diario de Teruel.

Los astros no son dioses

El relato bíblico de la creación contiene una afirmación revolucionaria para el mundo antiguo. El Sol y la Luna no son divinidades. Son criaturas. El Génesis los llama simplemente los «dos grandes luceros», destinados a alumbrar el día y la noche (cf. Gn 1,16).

No hay que adorarlos. Tampoco temerlos.

Un eclipse no es un presagio ni anuncia ninguna desgracia. Sabemos por qué sucede, podemos calcularlo con extraordinaria precisión y somos capaces de conocer con años de antelación el segundo exacto en el que la Luna ocultará completamente el Sol sobre Zaragoza o Teruel.

Y saberlo no disminuye el asombro.

Quizá lo aumenta.

San Agustín de Hipona ya tuvo que enfrentarse en el siglo IV a quienes confundían el movimiento de los astros con supersticiones y predicciones sobre el destino de las personas. En su Carta 55, al hablar precisamente del Sol, la Luna y el curso de los tiempos, distingue entre la realidad natural y las «necias opiniones» que los hombres pueden construir alrededor de ella. Para Agustín, el problema no está en observar los astros, sino en atribuirles un poder que no tienen.

Más adelante explica que el cristiano puede servirse de la creación como signo capaz de conducir «de lo visible a lo invisible, de lo corporal a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno».

Mil seiscientos años después, la intuición conserva toda su fuerza.

La ciencia nos explicará esta tarde qué está sucediendo en el cielo. La fe no necesita discutir esa explicación. Formula otra pregunta: ¿qué despierta en nosotros lo que estamos contemplando?

También hubo oscuridad en el Calvario

El cristianismo conoce bien la imagen de la luz que parece desaparecer.

Los tres Evangelios sinópticos narran que, durante la muerte de Jesús, la oscuridad cubrió la tierra desde la hora sexta hasta la hora nona (cf. Mt 27,45; Mc 15,33; Lc 23,44).

No es necesario identificar aquella oscuridad con un eclipse solar para comprender la enorme fuerza de la escena. Los Evangelios sitúan la creación entera ante la hora de la cruz. Mientras Cristo entrega la vida, llega la oscuridad.

Pero no termina ahí la historia.

Después de la noche llega la mañana de Pascua.

Quizá por eso la oscuridad de un eclipse puede resultar tan sugerente para una mirada cristiana. No porque esconda un mensaje secreto de Dios. No porque haya que buscar augurios entre los astros. Precisamente san Agustín advertía contra esa tentación.

Sino porque la naturaleza puede ofrecernos imágenes con las que pensar nuestra propia existencia.

Cuando lo oculto se hace visible

Durante la totalidad ocurre además algo fascinante. Al quedar cubierto el brillante disco solar puede contemplarse la corona, la atmósfera exterior del Sol, habitualmente invisible para nuestros ojos debido a la intensidad de su luz. Es uno de los motivos por los que los eclipses totales siguen teniendo un enorme interés para la investigación científica.

Lo que estaba allí todo el tiempo aparece precisamente cuando el Sol parece haber desaparecido.

La ciencia explica perfectamente por qué.

La fe puede recibirlo, sencillamente, como una imagen.

Porque también hay etapas de la vida en las que la luz parece ocultarse. Momentos en los que Dios parece silencioso, distante o incluso ausente. La experiencia cristiana nunca ha negado esas noches. Están en los salmos, en los profetas, en Getsemaní y en la cruz.

Pero que no veamos la luz no significa necesariamente que la luz haya dejado de estar ahí.

Durante unos segundos, esta tarde, el Sol desaparecerá sobre una parte de Aragón.

No se habrá apagado.

Seguirá estando exactamente donde estaba.

Y después volverá a brillar.

Crucifixión. Juan de Flandes. Museo Del Prado

Alzar la mirada

Dentro de unas horas habrá telescopios apuntando al cielo desde Javalambre. Habrá científicos tomando datos, fotógrafos buscando una imagen irrepetible, familias reunidas en los pueblos, aficionados que llevan años esperando este momento y miles de personas que simplemente levantarán la cabeza para dejarse sorprender.

Unos estudiarán el fenómeno. Otros se maravillarán. Muchos harán las dos cosas.

También el creyente puede hacerlo.

No necesita encontrar a Dios donde termina la explicación científica. Puede descubrir su huella precisamente en una realidad que la inteligencia humana es capaz de conocer: en las leyes de la naturaleza, en la inmensidad del universo, en su belleza y también en nuestra capacidad para preguntarnos por todo ello.

El eclipse pasará en poco más de un minuto.

Quizá lo que permanezca sea el asombro.

Porque, como canta el salmista, los cielos siguen proclamando la gloria de Dios.

Esta tarde Aragón tiene una oportunidad extraordinaria para comprobarlo.

Bastará con alzar la mirada.

Mirar al cielo, siempre con seguridad

La observación del Sol durante las fases parciales del eclipse debe realizarse únicamente con gafas o filtros específicamente homologados. Las gafas de sol convencionales, radiografías, cristales ahumados y otros métodos caseros no ofrecen protección suficiente y pueden provocar lesiones oculares graves. El Instituto Geográfico Nacional recomienda extremar las precauciones durante toda la observación.

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