Por qué nos habla en parábolas

Pedro Escartín
11 de julio de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del XV Domingo del tiempo ordinario – A – (12/07/2026)

Hoy hemos empezado a escuchar el bloque de parábolas sobre el Reino de Dios, que el evangelista san Mateo ha agrupado en el capítulo 13 de su Evangelio. Pero al escuchar la lectura de la primera de ellas encuentro algunas frases que me sorprenden y hasta me parecen poco cristianas, así voy a decirlo a Jesús…

– Llegas a punto para disipar el malestar que algunas palabras de tu Evangelio me han producido en este domingo (Mt 13, 1-23).

– ¿Te refieres a la mucha semilla que cayó en terreno improductivo? No pienses que el sembrador era descuidado -se ha adelantado a decirme-.

– No me preocupa eso, sino que dijeras a tus discípulos que hablabas en parábolas para que algunos no descubrieran el secreto del Reino, ya qué dijiste que «al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene». Eso no es solidario.

– Eso es un proverbio campesino que utilizaba la gente de mi tierra para subrayar que quien tiene seguramente aumentará su patrimonio, pero el que tiene muy poco acabará perdiéndolo todo. Teniendo en cuenta que entonces en Palestina una cosecha del siete por uno era una buena cosecha, en la parábola del sembrador anuncié algo insólito y extraordinario: una cosecha de treinta, sesenta y hasta del ciento por uno, para que se dieran cuenta de lo valioso que es el Reino de Dios. Además, también quise decirles que el Reino llegará a pesar del fracaso aparente que supuso el que yo fuera rechazado en mi tierra.

– Me parece que esta parábola tiene más retranca de la que habitualmente le atribuimos -he dicho antes de tomar un sorbo de mi café y dispuesto a desentrañar algo más de la parábola-. Puestos a dejar las cosas claras, dime por qué citaste esa dura frase de Isaías en la que advierte que está embotado el corazón de este pueblo «para no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure». Me produce la impresión de que el profeta no quiere que se convirtieran…

– Todo lo contrario -me ha dicho Jesús abriendo sus manos-. Isaías sólo pone letra y música a la actitud de aquel pueblo que se empeñó una y otra vez en hacer oídos sordos; su actitud les embotó el corazón y terminaron siendo incapaces de ver, de oír, y de convertirse.

– ¿Por eso dijiste a tus discípulos «bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen, pues muchos profetas desearon ver el Reino de Dios y no lo vieron…»?

– Así es -ha concluido después de dar cuenta de su café-. El domingo pasado oíste que daba gracias al Padre porque revela los secretos del Reino a los sencillos. Entre ellos estáis todos los que “veis con vuestros ojos y escucháis con vuestros oídos…” o, si quieres, los que tenéis preparada la tierra para que la semilla produzca fruto.

– Antes te he dicho que esta parábola trae más retranca de la que parece. Según vamos hablando me confirmo en lo dicho.

– Pues prepárate para las que siguen: en todas ellas os describo como es el Reino del Padre.

– Estaré atento, te lo prometo; ¡gracias por unas parábolas tan sabrosas!

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (13, 1-23).

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida, pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver, porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure. Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Palabra del Señor.

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