Ángeles Hernández: «Pilotar al Papa ha sido una bendición para mi fe y para mi gente»

Marta Latorre
1 de julio de 2026

La piloto de Iberia Ángeles Hernández González, natural de Guareña (Badajoz) y muy vinculada a la vida de la Iglesia, ha protagonizado uno de los momentos más singulares de la visita del Papa León XIV a España: fue la copiloto del vuelo que trasladó al Santo Padre de Madrid a Barcelona. Una experiencia que ella misma define como «una auténtica bendición» y que ha vivido con una profunda emoción espiritual. Una emoción que transmite con una enorme sonrisa y con todo su cuerpo cuando narra su extraordinaria vivencia.

Ángeles llegó a Tarazona hace cinco años, de la mano de su pareja, el piloto turiasonense Juan Marcellán. Desde entonces, la ciudad y la diócesis forman parte de su vida: «Conocí Tarazona gracias a Juan. He tenido la suerte de conocer a Miguel Antonio Franco (director del colegio diocesano de la Sagrada Familia) incluso al obispo, y poco a poco voy aprendiendo las tradiciones. Tarazona ya es parte de mi historia», explica entre risas, recordando cómo se va familiarizando con fiestas como el Cipotegato o la romería del Quililay.

Una elección inesperada

La confirmación de que sería una de las elegidas para pilotar el vuelo pontificio llegó de forma inesperada: «Me llegó una notificación al móvil: eres una de las elegidas para llevar al Santo Padre. Se me paró el corazón. Mi madre me llamó llorando cuando se lo conté. Fue un privilegio y una bendición, sin duda». Entre casi 2.000 pilotos, y dentro del grupo que opera el Airbus A320, Ángeles fue seleccionada para un vuelo que Iberia preparó «al milímetro», con protocolos especiales de seguridad y coordinación con el Ejército del Aire y el Vaticano.

El Papa en la cabina

Uno de los momentos más sorprendentes ocurrió antes del despegue: «El Papa entró en el avión, saludó a la tripulación y, sin llegar a sentarse en su asiento, se metió directamente en la cabina tras la invitación que le hizo el comandante. Estuvo con nosotros unos 25 o 30 minutos. Fue impresionante». Allí, Ángeles aprovechó para transmitirle las peticiones de oración que muchas personas le habían confiado: «Le dije: Santo Padre, hay muchas familias que piden su bendición. Y él respondió: Dígales que tienen mi bendición y que rezo por ellos». Ese instante, vivido en la cabina convertida casi en una pequeña capilla, ha marcado profundamente a la piloto: «Mucha gente me ha dicho que se siente bendecida a través de mí. Qué responsabilidad… pero también qué regalo».

Fe, vocación y servicio

Ángeles reconoce que su camino profesional no ha sido fácil. La pandemia truncó sus planes cuando estaba a punto de firmar su primer contrato: «El COVID me mandó a casa con una licencia de piloto que no sabía si iba a servir para algo. Pero lo dejé en manos de Dios. Ahora entiendo que todo tenía sentido». Hoy, después de haber pilotado al Papa, lo expresa con claridad: «Sin la fe yo no hubiera llegado a ningún lado. No concibo mi vida sin Dios».

Tarazona, parte de su historia

Su relación con Tarazona y la diócesis ha sido también un apoyo en este camino: «Aquí he encontrado una comunidad que me ha acogido con cariño. Juan ha compartido conmigo momentos buenos y malos. Tarazona es ya parte de mi vida y de mi fe».

Un mensaje para los jóvenes

A los jóvenes que buscan unir fe y profesión, Ángeles les transmite un mensaje inspirado en las palabras del Papa: «Que no tengan miedo a su vocación, sea la que sea. Que confíen y digan: Señor, yo pongo todo de mi parte; haz tú el resto. Y que vivan la vida como servicio. Ahí es donde se encuentra a Dios».

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