El Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA), en colaboración con la Archidiócesis de Zaragoza, celebró este martes en la Casa de la Iglesia de Zaragoza una charla-presentación dedicada a Magnifica Humanitas, la primera encíclica del papa León XIV. El acto estuvo presentado por el arzobispo de Zaragoza, Carlos Manuel Escribano Subías, y contó con la intervención de Francisco J. Génova, director del CRETA, que ofreció una lectura detallada del documento pontificio.

Desde el comienzo de su exposición, Génova quiso desmontar una de las interpretaciones más extendidas sobre la encíclica. «Hemos oído hablar mucho de ella por su relación con la inteligencia artificial, pero el centro de la encíclica no es la inteligencia artificial. El centro es la custodia de la persona y de esa magnífica humanidad que da título al documento», afirmó.
Una doctrina social viva
El director del CRETA explicó que León XIV presenta la doctrina social de la Iglesia como una realidad dinámica, llamada a responder a los desafíos concretos de cada época. «No podemos ir a buscar recetas para nuestra situación en las respuestas que se dieron hace más de cien años. Tenemos que hacer lo mismo que hicieron nuestros predecesores: discernir cómo aplicar hoy esos principios», señaló. A su juicio, la encíclica plantea una pregunta decisiva para el presente: «¿Quién detenta hoy el poder y hacia qué fines se orienta?». En este sentido, advirtió de que la inteligencia artificial no puede analizarse aisladamente, sino en el marco de una creciente concentración del poder tecnológico y económico.
Babel o Jerusalén
Uno de los ejes del documento es la contraposición entre dos imágenes bíblicas: la Torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén. Según explicó Génova, el Papa invita a preguntarse qué tipo de sociedad se está construyendo. «La cuestión es si estamos levantando una nueva Babel o una Jerusalén reconstruida, una ciudad donde Dios y el hombre puedan habitar juntos», resumió. El ponente recordó que la encíclica insiste en que cada generación debe asumir esta tarea. «No hay una solución que podamos copiar del pasado. Tenemos un gran patrimonio de doctrina social, pero el discernimiento nos corresponde a nosotros».
La persona por encima de la tecnología
En relación con la inteligencia artificial, Génova destacó que León XIV reclama mantener siempre la primacía de la persona. «No hay que equiparar inteligencia artificial con inteligencia humana», subrayó. «Estamos hablando de una máquina de cálculo extremadamente potente, pero no de una inteligencia en el sentido humano de la palabra». También alertó sobre el riesgo de atribuir características humanas a sistemas tecnológicos diseñados para interactuar mediante lenguaje natural. «Corremos el peligro de identificar a las máquinas como sujetos personales cuando no lo son», explicó. Asimismo, recordó que el Papa reclama «un doble compromiso: una reflexión crítica y un discernimiento moral y espiritual» ante el desarrollo de estas tecnologías.
Desarmar la inteligencia artificial
Uno de los conceptos que más llamó la atención durante la conferencia fue la propuesta papal de «desarmar la inteligencia artificial». Según explicó Génova, León XIV entiende esta expresión como la necesidad de liberar la tecnología de las lógicas de dominación. «Desarmar la inteligencia artificial no significa renunciar a la tecnología, sino impedir el dominio sobre lo humano», señaló. La innovación tecnológica, añadió, puede ser «una forma de participación en el acto divino de la creación», pero nunca debe convertirse en un instrumento al servicio del control o la explotación de las personas.
Una llamada a la esperanza
En la parte final de su intervención, Génova destacó el tono profundamente esperanzador de la encíclica. Frente a la tentación de pensar que los problemas actuales son demasiado grandes para la acción individual, recordó una de las afirmaciones más contundentes del documento: «Nadie está exento de responsabilidad». El Papa, explicó, invita a los cristianos a no permanecer como espectadores pasivos del cambio tecnológico y social. «Estamos llamados a ser hombres y mujeres que entran en las obras de la historia», afirmó.
La conferencia concluyó con una reflexión sobre la espiritualidad propuesta por León XIV, que define como la del «arquitecto sabio»: una persona que, desde la relación con Dios, la aceptación de los propios límites y la corresponsabilidad, contribuye a construir una sociedad más humana, más justa y más fraterna.
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