En el marco de la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, la periodista oscense María Lozano lanza una llamada que atraviesa fronteras, conflictos y pantallas: «No podemos acostumbrarnos al sufrimiento ni convertir el dolor humano en un simple impacto emocional». Desde su responsabilidad al frente de la comunicación internacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada Internacional (ACN), esta aragonesa afincada en Alemania desde hace más de tres décadas recuerda que comunicar también es custodiar la dignidad de las personas, especialmente de quienes sufren persecución o viven en el olvido.

Su testimonio encaja de forma especialmente significativa con el lema elegido este año por el papa León XIV para la Jornada de las Comunicaciones Sociales: «Custodiar voces y rostros humanos». Un mensaje que interpela directamente a periodistas, comunicadores y usuarios de redes sociales en un tiempo marcado por la velocidad, la polarización y la saturación informativa.
Lozano estuvo esta semana en Zaragoza con motivo del 60 aniversario de Ayuda a la Iglesia Necesitada España y del acto celebrado en Basílica del Pilar, donde la fundación ofreció un manto a la Virgen del Pilar en recuerdo de los cristianos perseguidos de todo el mundo. Un gesto cargado de simbolismo que, según explica, quiere expresar «el abrazo de María a quienes viven la fe en medio del miedo, la violencia o la discriminación».
«No queremos vivir de impactos emocionales»
A lo largo de la entrevista, Lozano reflexiona sobre el desafío de comunicar el sufrimiento sin banalizarlo. Reconoce que uno de los mayores retos actuales es lograr que las personas no se limiten a consumir imágenes dolorosas de manera fugaz, sino que establezcan un verdadero vínculo humano y espiritual con quienes padecen persecución.
«Vivimos en un mundo muy rápido, muy acelerado. A veces es difícil guardar un momento de reflexión», afirma. Y añade una idea que resume buena parte de la filosofía comunicativa de ACN: «La fundación no quiere vivir de impactos emocionales. No se trata de que alguien vea una foto, se sienta mal y done. Se trata de crear una unión con la Iglesia que sufre».
Esa experiencia, asegura, la ha marcado profundamente en lo personal y también en la fe. Durante años ha visitado algunos de los lugares más castigados del planeta: Irak tras la irrupción del Estado Islámico, Siria, Nigeria, Burkina Faso, Cuba, Venezuela o China. En todos ellos ha descubierto comunidades cristianas que viven con enorme precariedad, pero también con una fe «vibrante» y profundamente arraigada.
«Mi fe ha crecido escuchando estos testimonios», reconoce. «Hay personas capaces de levantarse a las cinco de la mañana para caminar kilómetros y celebrar la resurrección del Señor, porque ahí encuentran el sentido de su vida».

comunicar desde la cercanía y no desde el espectáculo
En un contexto mediático dominado por la inmediatez y la lógica del clic, Lozano reivindica una comunicación que no reduzca las tragedias humanas a mero espectáculo. A su juicio, muchas persecuciones religiosas apenas llegan a los grandes medios internacionales salvo cuando existe una imagen especialmente impactante.
«Muchas veces nuestros hermanos perseguidos agradecen simplemente que estemos allí, que sepan que el mundo no los ha olvidado», explica.
La periodista oscense considera que la comunicación eclesial tiene precisamente ahí una misión decisiva: mantener viva la memoria de quienes sufren y favorecer una verdadera comunión entre Iglesias. No solo informando, sino ayudando a comprender.
En ese sentido, insiste en que la experiencia de las comunidades perseguidas puede convertirse también en una llamada de atención para una Europa instalada en cierta comodidad espiritual. «A veces pienso que en Europa nos hemos quedado esperando a que venga la gente. Pero si no vienen, habrá que salir nosotros», afirma, evocando la imagen de una «Iglesia en salida» que encuentra en muchos países pobres o perseguidos una sorprendente creatividad pastoral.

Del Sahel a China: los nuevos rostros de la persecución
Durante la conversación, Lozano dibuja también un mapa del sufrimiento actual de los cristianos. Señala especialmente la situación del Sahel africano, donde grupos yihadistas siguen ganando terreno en países como Mali, Burkina Faso o Níger; la violencia persistente en Nigeria; la presión autoritaria en Cuba, Nicaragua o Venezuela; y las restricciones religiosas en países asiáticos como China o India.
En China, por ejemplo, explica que los menores de 18 años no pueden participar en celebraciones litúrgicas. «Fui en enero y no había ni un niño en la iglesia», relata.
Aun así, lejos del derrotismo, asegura que la persecución está dando lugar también a testimonios de enorme fortaleza espiritual y a un crecimiento inesperado de vocaciones en algunos lugares. «La semilla del martirio es fruto para la Iglesia», recuerda, evocando las palabras de tantos cristianos perseguidos que siguen sosteniendo a sus comunidades desde la esperanza.

«La Virgen del Pilar es madre de los cristianos perseguidos»
Especialmente emotiva fue su referencia final a la Virgen del Pilar. Como aragonesa, María Lozano confesó sentirse profundamente conmovida por el acto celebrado en Zaragoza y por el significado del manto rojo ofrecido a la Virgen, símbolo de la sangre derramada por tantos mártires contemporáneos.
«La Virgen del Pilar vino a consolar a Santiago. El consuelo forma parte de la identidad misma del Pilar», afirma. «Ese manto que abraza y protege es también una imagen de María como madre de los cristianos perseguidos».
Sus palabras resuenan con fuerza precisamente en esta Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que invita a recuperar una comunicación capaz de mirar a las personas concretas, poner rostro al sufrimiento y custodiar la humanidad frente a la indiferencia.
Porque, como recuerda María Lozano desde la experiencia acumulada en tantos escenarios de dolor, comunicar no consiste solo en transmitir noticias. También significa acompañar, sostener y evitar que el sufrimiento ajeno desaparezca en medio del ruido.