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La Diócesis de Barbastro-Monzón reivindica la vocación misionera en Graus

Ascen Lardiés
27 de abril de 2026

La Diócesis de Barbastro-Monzón finalizó en Graus la Semana de Animación Misionera bajo el lema «Todos rezamos por todos». La jornada dominical comenzó con un rezo de Laudes en las Capuchinas de Barbastro antes de trasladarse a la iglesia de San Miguel en Graus, donde se celebró un conversatorio sobre la importancia de la oración y una eucaristía solemne presidida por el obispo, Mons. Ángel Pérez Pueyo.

Fue, al mismo tiempo, la clausura del Maratón de Oración por las Vocaciones, y una oportunidad para agradecer especialmente el testimonio del misionero de la Consolata Helder Bonifácio, que durante toda la semana estuvo llevando su testimonio a colegios y parroquias en Fraga, Monzón, Binéfar y Barbastro.

La celebración conto con participantes de excepción. Por un lado, los niños y niñas que forman parte del grupo de Infancia Misionera de la Unidad Pastoral de Graus, que realizaron un colorido y musical ofertorio. Por otro, Rosario Fumanal, una de las trece misioneras que permanecen en territorio de misión. Nacida en Samitier, compartió con los asistentes toda la mañana, haciendo ver que cuando tú tienes a Cristo en el corazón, vives con esperanza cualquier situación personal o de cualquier ámbito que te toque vivir en la vida.

La vocación es una responsabilidad compartida de toda la Iglesia y no solo de unos pocos.

En su homilía, don Ángel profundizó en la figura de Jesús como guía cercano y para recordar que la misión es una tarea compartida por toda la Iglesia. En el Día del Misionero Diocesano y Domingo del Buen Pastor, el obispo presentó a Jesús no como un pastor distante, sino como aquel que «conoce a sus ovejas, las llama por su nombre y da la vida por ellas». Frente a las «puertas falsas» de felicidad inmediata que ofrece la sociedad actual, la homilía reivindicó a Cristo como la única puerta de acceso a una vida con sentido y en abundancia.

Bajo el lema de la jornada, «Todos rezamos por todos», se enfatizó que la vocación no es un privilegio de unos pocos, sino una llamada universal al servicio. «Todos, absolutamente todos, estamos llamados», ya sea a través del sacerdocio, la vida consagrada, la misión ad gentes o el compromiso cotidiano en la familia y el trabajo.

Eso no impide que existan obstáculos para escuchar esta llamada. El texto subrayó que «el problema no es que Dios no llame, sino que muchas veces no escuchamos» debido al exceso de ruido, las prisas y las distracciones del mundo moderno. En este sentido, don Ángel recordó que la vocación es una responsabilidad compartida de toda la Iglesia y no solo de unos pocos.

Tras la misa, una comida de hermandad puso el broche final a siete días de oración, charlas y encuentros que han buscado despertar nuevas respuestas al servicio del Evangelio.

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