Parresía

Jesús Moreno
22 de abril de 2026

“¿Qué es esto? Una enseñanza nueva EXPUESTA CON AUTORIDAD. Incluso manda a los espíritus inmundos y le obedecen”. (Mc 1,27) (Traducción de la Conferencia Episcopal Española)

Expuesta con autoridad, es decir: con PARRESÍA   

En la retórica clásica, la parresía era una manera de hablar con franqueza, con valentía, con verdad. Y hoy también es así. Por eso, es una palabra que todavía no ha desaparecido del lenguaje español. Y ojalá no desaparezca, sino que crezca en el uso de la palabra y en la actitud ante la vida, la verdad y todo lo noble y bueno que todavía vive entre nosotros.

“No le tengo miedo a Trump”. León XIV.  Pequeña o gran parresía ante el poder de este mundo. Pero parresía. El término está tomado del griego que significa literalmente «decirlo todo» y, por extensión, «hablar libremente», «hablar atrevidamente» o «atrevimiento». Implica no solo la libertad de expresión sino la obligación de hablar con la verdad para el bien común, incluso frente al peligro individual que puede correr quien la pronuncia ante el poder.

La parresía tiene sus orígenes en la Antigua Grecia, siendo una forma común de comunicación en algunas de las escuelas del siglo IV a. C, fue la forma de comunicación utilizada por la escuela cínica, era parte de su estilo de vida. La parresía también fue el modo de expresión de los epicúreos.

En el Antiguo Testamento, de manera más precisa, la parresia es una actividad verbal en la cual un hablante expresa su relación personal a la verdad, y corre peligro porque reconoce que decir la verdad es un deber para mejorar o ayudar a otras personas (tanto como a sí mismo). En parresia, el hablante usa su libertad y elige la franqueza en vez de la persuasión, la verdad en vez de la falsedad o el silencio, el riesgo de muerte en vez de la vida y la seguridad, la crítica en vez de la adulación y el deber moral en vez del auto-interés y la apatía moral.

Un uso relacionado de parresia se encuentra en el Nuevo Testamento griego, en el cual significa «discurso atrevido», la habilidad de los creyentes de mantener su propio discurso delante de las autoridades políticas y religiosas.

La parresía se expresa, entre otros signos, en discursos donde uno habla abierta y sinceramente acerca de sí mismo o de las propias opiniones sin recurrir a la retórica, la manipulación o la generalización.

Existen varias condiciones que fundaban la noción tradicional de parresia del griego antiguo. Quien recurre a la parresía sostiene una relación creíble hacia la verdad; su posesión de la verdad está garantizada por ciertas cualidades morales; así mismo, es un crítico de sí mismo, o de la opinión popular o de la cultura; revelar la verdad lo coloca en una posición de peligro, pero insiste en hablar de la verdad, pues considera que es su obligación moral, social y/o política. Más aún, quien practica la parresía debe estar en una posición social más débil que aquellos a quienes se las revela. Por ejemplo, un pupilo «cantándole las verdades» a su maestro sería un ejemplo preciso de parresía, mientras que un maestro que le dice la verdad a su pupila o pupilo, no.

Hablar con libertad y valor es manifestación de parresía. Es parresía. Expresarse de modo franco, valiente, sin cortapisas. Eso es parresía. Por eso se extrañan quienes escuchan y ven actuar a Jesús. En las palabras y en la acción de Jesús aparece constantemente.

“¿Qué es esto? Una enseñanza nueva EXPUESTA CON AUTORIDAD. Incluso manda a los espíritus inmundos y le obedecen”. (Mc 1,27)

Jesús habla con total transparencia a anunciar su final trágico en Jerusalén (Mc 8t.32), al referirse a la muerte de su amigo Lázaro (Jn 11,14), al anunciar el Reino de Dios (16,25-26) yh al enfrentarse al Sumo Sacerdote a las puertas de su crucifixión (18,20)

La parresía es un don del Espíritu Santo que encontramos en el testimonio de Apóstoles, discípulos, mártires, etc…

La parresía se encarnó y se hizo escandalosamente visible en Jesús.

Y ese ‘escándalo’, la parresía, es lo que dejó en manos de la Iglesia y de cada uno de sus discípulos.

¿Cómo anda de parresía la Iglesia hoy? ¿Y tú, y yo, y nosotros?

 Algo más de parresía sí que necesitamos todos.

 ¿NO ES VERDAD?

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