Misa de la Cena del Señor en la catedral de Huesca

Miguel Barluenga
2 de abril de 2026

La catedral de Huesca ha acogido en la tarde de este Jueves Santo, 2 de abril, la solemne celebración de la Misa de la Cena del Señor, que ha abierto el Triduo Pascual y ha estado presidida por el obispo de la diócesis, el padre Pedro Aguado Cuesta. La celebración ha estado marcada por un clima de recogimiento y profundidad espiritual, en el que los fieles han sido invitados a contemplar “la hora del amor supremo”, tal y como expresó el obispo en su homilía. Recordando el evangelio de san Juan, monseñor Aguado subrayó que “Jesús, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”, situando así el sentido último de esta jornada: la entrega total de Cristo.

Uno de los momentos más significativos de la liturgia ha sido el rito del lavatorio de los pies, que el obispo ha realizado a doce cofrades de la Cofradía del Santo Cristo de los Milagros y San Lorenzo Mártir. Un gesto que, en palabras del prelado, resulta “sorprendente, incluso desconcertante”, pero que encierra un profundo significado: “Jesús nos dice cuál es el lugar de la Iglesia con este gesto: nuestro lugar es de rodillas, ante los niños, ante los pobres, ante un mundo que necesita testimonio y amor”.

El padre Pedro recordó que este signo, que la Iglesia solo repite en la liturgia del Jueves Santo, está llamado a convertirse en estilo de vida para los cristianos: “Si la liturgia es fija, el lavatorio de los pies que hacemos en esta celebración está llamado a ser nuestro modo de vida, nuestro testimonio”.

Durante la homilía, el obispo puso también el acento en la institución de la Eucaristía, subrayando que no se trata de un mero recuerdo, sino de la actualización viva del sacrificio de Cristo: “No recordamos un acontecimiento del pasado, sino que revivimos la entrega de Jesús, su pasión y su muerte”. Asimismo, destacó el valor del sacerdocio ministerial, llamado a custodiar “los tesoros más importantes de la Iglesia”, entre los que enumeró la presencia real de Cristo en la Eucaristía, el perdón, la Palabra y la atención a los más necesitados.

El obispo definió esta jornada como el día del amor fraterno, recordando el mandamiento de Jesús: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Un camino exigente, pero que constituye el núcleo de la vida cristiana, entendida como un proceso continuo de crecimiento interior y entrega a los demás.

En su reflexión final, monseñor Aguado evocó el desenlace de la Última Cena, que no concluye en celebración festiva, sino en el seguimiento de Cristo hacia su pasión: “La cena terminó en seguimiento, un seguimiento a veces débil y frágil, pero del que el Señor supo sacar apóstoles decididos”. Una llamada también hoy a la fidelidad y a la esperanza.

La celebración ha concluido con la procesión del Santísimo Sacramento por el interior del templo hasta el monumento, invitando a los fieles a prolongar la oración en la noche, en adoración silenciosa ante el Señor. De este modo, la Iglesia diocesana de Huesca se adentra en los días centrales de la Semana Santa, contemplando el misterio del amor entregado de Cristo y renovando su llamada a ser comunidad de servicio, fe y testimonio.

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