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Lectio Divina: 8 de abril de 2026

Raúl Romero López
6 de abril de 2026

Encuentro con los discípulos de Emaús.

1.-Oración introductoria. 

Señor, en esta oración quiero que me enseñes una cosa: la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase con El. Te pido que esta experiencia de Jesús con los de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy. Y de todas las experiencias de vida comunitaria a lo largo de los siglos.

2.- Lectura reposada del evangelio.

Del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Los discípulos de Emaús huyen de Jerusalén porque en la ciudad santa todo huele a muerte. Y es que la sombra de la muerte de Jesús es muy alargada. No pueden aguatar esa atmósfera irrespirable. Caminan tristes, porque han perdido a Jesús, ese Maestro maravilloso que llenaba sus días de luz y de color y les iluminaba en la noche con una profunda paz. ¡Qué bien nos lo hemos pasado con Jesús! Y, en cambio, ahora todo suena a vacío y a muerte. Y ahora ¿qué? Han perdido a Jesús y en su tumba han enterrado el sentido de sus vidas.

De pronto, cuando menos lo esperan, aparece un desconocido que se pone a caminar con ellos. Y, naturalmente, hablan de lo que llevan en el corazón: Y tú. ¿no sabes lo que ha sucedido en Jerusalén? Y Jesús pregunta ¿qué? Hay que ver este gesto de humor por parte de Jesús. Como si no supiera nada… Como si lo sucedido en Jerusalén no tuviera nada que ver con El. Y comienzan a recitar su credo:” Lo de Jesús de Nazaret, profeta poderoso en obras y palabras…y los judíos lo mataron. Nosotros esperábamos…pero ya no esperamos nada”.  Si la presencia del Resucitado no está presente en nuestras Eucaristías, todo se reduce a fórmulas muertas, palabras vacías. Lo que da sentido a nuestras Eucaristías es la presencia arrolladora, vibrante, estremecedora del Jesús VIVO. Y lo que nos motiva a salir, a ir deprisa, a anunciar esta gran noticia…es Cristo Resucitado. La Misión nace de la Pascua, de la experiencia con el Resucitado.

Palabra del Papa.

Dice el Papa León XVI: Hoy, el Señor resucitado viene junto a cada uno de nosotros, tal como recorremos nuestros caminos —los del trabajo y el compromiso, pero también los del sufrimiento y la soledad— y con infinita delicadeza nos pide que nos dejemos calentar el corazón. No se impone con clamores, no exige ser reconocido inmediatamente. Con paciencia espera el momento en que nuestros ojos se abran para ver su rostro amigo, capaz de transformar la decepción en confiada espera, la tristeza en gratitud, la resignación en esperanza.

El Resucitado solo desea manifestar su presencia, hacerse nuestro compañero de camino y encender en nosotros la certeza de que su vida es más fuerte que cualquier muerte. Pidamos, pues, la gracia de reconocer su presencia humilde y discreta, de no esperar una vida sin pruebas, de descubrir que todo dolor, si es habitado por el amor, puede convertirse en lugar de comunión. (22-octubre-2025)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Que en este día se note que estamos en Pascua: procuraré sonreír y poner buena cara.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias por este rato de oración contigo. Te diré que eres fantástico. Me encanta esa manera tan humana de presentarte a los amigos que dejaste tan tristes y desconcertados con tu reciente muerte. Ahora estás lleno de vida, de ilusión, de alegría. Y hasta de buen humor.

¡Gracias, Señor!

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