Opinión

Susana Pérez

Hacia una Iglesia Sinodal

Liturgia y sinodalidad: ¿Tradición o novedad?

12 de marzo de 2026

La Asamblea Sinodal y la Asamblea Eucarística están íntimamente unidas. La Asamblea Sinodal es un espacio de escucha, diálogo y discernimiento comunitario (laicos, religiosos y obispos) para la misión eclesial, y la Asamblea Eucarística es el encuentro con Cristo vivo, que es la fuente de esa sinodalidad. La liturgia nutre el caminar juntos, y la sinodalidad actualiza la comunión. Es en la Eucaristía donde se vive la máxima sinodalidad.

El documento final del Sínodo trata en los puntos 26 y 27 sobre la liturgia cristiana:

En el nº 26 leemos cómo la celebración de la Eucaristía es el lugar donde el Pueblo de Dios aprende a articular “unidad y pluralidad”, deseando la “participación plena consciente y activa” de todos, y donde se realiza la “corresponsabilidad diferenciada de todos para la misión”. En efecto, la Asamblea Eucarística es la fuente y el paradigma de la espiritualidad de comunión. En ella se manifiestan los elementos específicos de la vida cristiana destinados a plasmar el afecto sinodal. (“La Sinodalidad en la Vida y en la Misión de la Iglesia” de la Comisión Teológica Internacional. 2018 pto 109). Este documento resume en cinco puntos la conexión entre sinodalidad y eucaristía:

a. Reunidos en el nombre de la Trinidad. La Eucaristía comienza con la señal de la cruz y la invocación de la Trinidad. Una reunión convocada en nombre de Dios significa que sus actos se realizan en Su Nombre, la Iglesia se hace portadora de su presencia: «Donde están dos o más reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 19).

b. La reconciliación. La Asamblea Eucarística propicia la comunión mediante la reconciliación con Dios y con los hermanos, reconociendo las propias fragilidades y el pedido recíproco del perdón

c. La escucha de la Palabra de Dios. En la Eucaristía se proclama y escucha la Palabra para recibir el mensaje e iluminar el camino. La predicación de la Palabra es dialógica: el predicador y sus oyentes deben escuchar y contemplar la Palabra de Dios antes de escucharse unos a otros.

d. La comunión. La Eucaristía «crea y fomenta la comunión» con Dios y con los hermanos. Es participada por hombres y mujeres que reciben diversos dones. La rica y libre convergencia de esta pluralidad en la unidad, es lo que se activa en los acontecimientos sinodales.

e. La misión. La comunión realizada por la Eucaristía impulsa hacia la misión. El que participa del Cuerpo de Cristo está llamado a compartir la experiencia con todo el mundo. Cada acontecimiento sinodal estimula a la Iglesia para que salga del campamento (Heb 13,13) a llevar a Cristo a todos los hombres.

A partir de estas reflexiones sobre la liturgia vemos que es necesario dejarse interpelar: ¿cómo podemos ser verdaderamente Iglesia sinodal si no vivimos en salida, en comunión, escuchándonos, perdonándonos y vinculándonos unos a otros en CristoJesús? ¿cómo podemos serlo a través de nuestra liturgia hoy? ¿necesitamos cambios o todo lo contrario? Esta pregunta que nos hacemos hoy es tan antigua como nuestra Fe: “todo maestro instruido acerca del reino de los cielos es como el dueño de una casa, que de lo que tiene guardado, saca tesoros nuevos y viejos” (Mt 13,52)

En este momento reflexivo aterriza el punto nº 27 pidiendo «la constitución de un grupo de estudio específico” para el desarrollo del tema litúrgico en relación con la sinodalidad del pueblo de Dios y en clave mistagógica, término utilizado ya por los padres griegos, que se refiere al desarrollo de nuevas catequesis que nos introduzcan en el misterio de Dios y en la mejor comprensión teológica y simbólica de los ritos litúrgicos de iniciación: principalmente  Bautismo y Eucaristía.

La misión de este nuevo grupo de estudio es tratar un debate que desapareció de la redacción del DF, pues detrás de las palabras «expresar la sinodalidad» está el deseo de redistribuir algunas tareas del sacerdote a los laicos. Esta voluntad, claramente manifiesta en el Instrumentum laboris de la segunda sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad, ya no aparece luego de forma evidente, pero sigue presente sobre todo en la parte del DF que trata del papel del clero. Existía la petición de los progresistas —por ejemplo, del Camino Sinodal Alemán— de que se autorizase a los laicos, hombres y mujeres, a predicar la homilía reservada al clero.

Al final del sínodo se crean 10 grupos de estudio, donde la liturgia no estaba directamente contemplada, por este motivo León XIV promovió la creación de un grupo de estudio específico para la liturgia en julio de 2025, designado como “Liturgia en perspectiva sinodal” y que quedó a cargo del Dicasterio Vaticano para el Culto Divino. Este grupo ha mostrado algunos resultados de su trabajo en diciembre de este año, manifestando que seguirá trabajando sobre ello. Las crónicas periodísticas sobre el informe publicado creo que simplifican el tema focalizándolo en estos puntos:

  • desplegar mayor participación del Pueblo de Dios en la liturgia y vinculándola con la vida misionera de la iglesia
  • reconocer el papel de los laicos en la liturgia, también en la predicación, especialmente valorando el papel de la mujer en la historia de la salvación, incluso considerando cambios en los leccionarios litúrgicos

Pero si leemos el informe completo veremos que las cuestiones que aborda son variadas y fundamentales para la vida de comunidad del pueblo de Dios, y que incluyendo estos matices que acabo de mencionar, tratan otros temas de hondura y que nos incumben por igual a todos los que creemos en la vida plena vinculados a CristoJesus, tanto de sensibilidades progresistas como tradicionalistas (ver en “informes intermedios de los grupos de estudio” en www.synod.va)

Es oportuno considerar los conflictos que han surgido en torno a la custodia de la tradición y que lamentablemente han llegado a amenazar la unidad de la Iglesia. Cuando surgen discrepancias y se manifiestan líneas de fractura entre distintas sensibilidades, es el momento de hacer una pausa y considerar si la adhesión a tal o cual convicción se hace verdaderamente en nombre de Dios y revela la presencia de Cristo en medio de ellas; la reconciliación y la comunión que se propicia en la Asamblea Eucarística es insustituible.

Ciertamente hemos de discernir cómo hacer inteligible la palabra de Dios hoy, pues Dios no habla al vacío, habla a la gente de su tiempo: ¿cómo hacerlo siendo fieles a una tradición ininterrumpida y sin dejarnos llevar por modas pasajeras?. La Iglesia no debe posicionarse en superficie, como las olas del mar que van y vienen revueltas, sino en las aguas tranquilas de la profundidad. La secularización y el nuevo modo de vida postmoderno son un reto para la evangelización en la Iglesia local y universal. También a través de la liturgia estamos llamados a caminar juntos – sinodalmente- y a evangelizar en nuestro mundo de hoy.

Los planes de implementación sinodales que ahora se están instaurando y probando, intentan la inculturación sin perder nuestro referente, a través de la reflexión y el discernimiento, activando la formación y a través de la escucha de la Palabra en oración personal y comunitaria; no será inmediato, cuesta tiempo y esfuerzo, implica humildad para la conversión personal y comunitaria, nunca será fruto de ocurrencias, sino de inspiración reflexiva y orante.

Pero somos cristianos, todo cambia mientras nosotros caminamos con la mirada puesta en Jesucristo, animados por el Espíritu, con la esperanza infinita de que un día Dios será todo en todos (1 Cor 15,28). Todos, todos somos imprescindibles. Ánimo!

Orar al ritmo del EspírituReflexión, silencio y contemplación en una Iglesia sinodal. Monasterio de la Resurrección (14 de febrero de 2026)

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