Carta del Arzobispo de Zaragoza: Manos Unidas, «Declara la guerra al hambre»

Carlos Escribano Subías
6 de febrero de 2026

Nuestro mundo está, por desgracia, marcado por la violencia y los conflictos armados. En este contexto hablar de paz sigue siendo una urgencia. Recordamos las primeras palabras del papa León XIV en su saludo recién elegido: “¡La paz esté con todos vosotros!”. Y añadía una expresión que ha quedado ya en la memoria de todos referida a esa paz: “la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada, desarmante y también perseverante, que proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente”.

Esa paz de que nos habla el papa León se convierte en un reto para la Iglesia y el mundo. Sabemos que la paz no empieza cuando callan las armas. Se construye mucho antes: cuando se garantiza una vida digna, cuando se erradica el hambre, cuando se reducen la pobreza y la desigualdad. Esta es la convicción que impulsa la Campaña de este año de Manos Unidas: «Declara la guerra al hambre», una llamada urgente a combatir las causas profundas de la violencia y a apostar por un desarrollo justo como camino imprescindible hacia una paz real y duradera. El hambre es un arma silenciosa más letal que las armas de guerra y que también se utiliza de forma estratégica en los propios conflictos armados.

El lema de este año nos hace mirar con gratitud al arranque de Manos Unidas hace más de sesenta años. La primera Campaña contra el hambre surgió de un manifiesto lanzado en 1955 por Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) que quería plantar cara al hambre en el mundo y derrotarlo. Fue un manifiesto que buscaba remover conciencias y cambiar las cosas que generaban el hambre y golpeaba a hombres, mujeres y niños en tantos países. En España fue acogido y se concretó en 1959: había nacido Manos Unidas. Comenzaron con dos acciones sencillas. Una cuestación nacional para conseguir dinero y paliar el hambre en el mundo a través de algunos proyectos y la realización de una jornada de ayuno voluntario que ayudase a tomar conciencia de este gran problema: ayudar allí y concienciar aquí. Han pasado más de sesenta y cinco años y aquella invitación de declarar la guerra al hambre, la recuperan este año, con acierto, en su Campaña.   

Manos Unidas, como sabéis, es la asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y mejora en los países en vías de desarrollo, iluminada por el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia que nos enseña que la pobreza y el hambre son contrarias a la dignidad humana y al plan de Dios para la humanidad. La persona humana debe estar siempre en el centro y los bienes y su uso deben ser universales, porque están destinados para satisfacción de las legítimas necesidades de las personas. Sobre todo, hay que resarcir de estos bienes a los más empobrecidos, por los que la Iglesia católica, siguiendo al Maestro, ha hecho opción. 

Muchas gracias a nuestra delegación de Manos Unidas por todo el trabajo que realizan durante todo el año y, en especial, durante los días de Campaña. Os animo a conocer los proyectos en los que arciprestazgos, colegios y parroquias colaboran y a que apoyéis esta noble causa, uniéndoos a esta declaración de guerra contra el hambre en el mundo. Gracias por tanta generosidad. 

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