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«¿Para quién eres?», una pregunta que vuelve a poner en el centro la vida consagrada

David López
29 de enero de 2026

La Iglesia celebra el próximo 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que este año alcanza su trigésima edición. Bajo el lema «¿Para quién eres?», la jornada se sitúa en continuidad con el Congreso de Vocaciones celebrado en Madrid en febrero de 2025 y vuelve a colocar en el centro la pregunta esencial de toda vocación cristiana: la orientación de la vida como don, misión y servicio.

El lema de este año remite de forma explícita al Congreso de Vocaciones, celebrado del 7 al 9 de febrero de 2025, que tuvo como eje la pregunta «¿Para quién soy?». A casi un año de aquel encuentro —definido como una auténtica «comunión fraterna entre todas las vocaciones»—, la Jornada de la Vida Consagrada se sitúa ya en clave de poscongreso, animando a seguir construyendo una cultura vocacional y a tomar conciencia de que cada persona es una vocación para la misión.

Lejos de una mirada autorreferencial, la pregunta «¿para quién eres?» desplaza el acento desde la identidad entendida como introspección hacia la vida entregada, recordando que toda vocación cristiana —y de modo particular la consagrada— encuentra su verdad en la relación con Dios y en el servicio a los demás.

Tres preguntas para un mismo corazón

En su mensaje, los obispos de la Comisión Episcopal desarrollan el lema a través de tres interrogantes fundamentales:
«¿A quién llamas?», «¿a quién buscas?» y «¿a quién sirves?». Un itinerario espiritual que conecta la vida consagrada con sus votos y con su misión eclesial.

La vida consagrada, recuerdan, es llamada y convocatoria; es búsqueda perseverante de Dios —quærere Deum— y es servicio concreto, especialmente a los pobres y a las periferias. De este camino brota una experiencia profundamente evangélica, en la que «el corazón de la persona consagrada se vuelve menesteroso y agradecido a su Señor», consciente de que vive siempre sostenido por una llamada que le precede y le supera.

Un don para toda la Iglesia

En el contexto del Jubileo de la Esperanza y del proceso sinodal en curso, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada recuerda que los carismas no pertenecen solo a quienes los encarnan, sino que son un don para toda la Iglesia. Personas, carismas y misión se entrelazan así en una misma llamada a vivir con radicalidad evangélica, humildad y disponibilidad.

Celebrar esta jornada no es solo agradecer la presencia silenciosa y fecunda de miles de consagradas y consagrados, sino dejar que su testimonio interpele a todo el pueblo de Dios. Porque la pregunta «¿para quién eres?» no es exclusiva de la vida consagrada, sino que resuena, con distintos matices, en el corazón de toda vocación cristiana.

 

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