Un don que enriquece a la Iglesia y sacia la sed de Dios del hombre de hoy – Carta del obispo de Tarazona, 1 de febrero

Vicente Rebollo Mozos
30 de enero de 2026

El 2 de febrero se celebra la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, el día de la Candelaria y, con tal motivo, en la Iglesia celebramos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Este año es el número 30 de estas jornadas, las instituyó el Papa San Juan Pablo II con una triple finalidad, en primer lugar, para dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada, es un regalo para nuestra Iglesia que queda enriquecida por la gran variedad de carismas que componen la vida religiosa y, porque a través de ellos, sirven al Reino de Dios.

En segundo lugar, para promover entre los fieles el conocimiento de las múltiples variedades de congregaciones existentes y, a partir de ese conocimiento, valorarlas y quererlas.

En tercer lugar, para celebrar juntos consagrados, pastores y el resto del Pueblo de Dios, las maravillas que Dios ha hecho en sus vidas. (S. Juan Pablo II, Mensaje para la primera Jornada Mundial de los Consagrados, 6 de enero de 1997). Estos tres objetivos siguen siendo muy actuales y necesarios, los hacemos nuestros para esta jornada.

El lema para este año es una interpelación directa a los religiosos, “Vida consagrada, ¿para quién eres?” Está en plena conexión con el Congreso de Vocaciones que se celebró en Iglesia española el mes de febrero del año pasado, con el lema ¿Para quién soy?, concluyendo como respuesta que “soy para el Señor en los hermanos”. Ambas preguntas presuponen una cuestión primera quién soy yo, cuál es mi identidad, para desde ahí lanzarme al para quién soy, cómo sirvo al Señor en los hermanos. Estás preguntas, está pidiendo una profundización en el propio carisma con la convicción de que sigue siendo igual de útil que cuando nació la congregación. Hay que huir de falsos modernismos y dejar que el Espíritu nos ayude a servir mejor, convencidos de que el mejor servicio de los demás es la autenticidad, cómo Dios nos quiere.

El carisma modela al consagrado para poder sembrar paz, vida, Evangelio en el corazón del hombre de hoy. Necesitamos conocer mucho al hombre actual y, ante él, ser humildes porque con nuestras fuerzas, ilusiones y entusiasmos no podemos responder a todas sus interrogantes, sí podemos con el don de Dios y la fuerza de la vida comunitaria.

Son las grandes aportaciones a la Iglesia de la vida consagrada, 1º la escucha y obediencia al Espíritu que se nos transmite como un don de Dios a través del propio carisma, para así ayudar a saciar al hombre de su necesidad de Dios, su hambre de eternidad, su deseo infinito de felicidad. Junto a la escucha del Espíritu, la fuerza de la vida comunitaria que en sí misma es un testimonio de Evangelio, todos al servicio de todos, todos queriendo lo mejor para el otro, cultivando el olvido de uno mismo, para que el señor crezca en cada uno y, a la vez, en todos; mirando juntos al mismo objetivo y cada uno aportando lo mucho o poco que puede hacer, fortaleciendo la unidad comunitaria.

Oremos con caridad por nuestros hermanos y hermanas consagradas de la diócesis. Pidamos el aumento de vocaciones y el fortalecimiento de sus comunidades.

Este artículo se ha leído 35 veces.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas