La conversión de San Pablo -Carta del obispo de Tarazona para el 25 de enero

Marta Latorre
23 de enero de 2026

Este domingo, 25 de enero, celebramos la fiesta de la conversión de San Pablo. Él mismo nos narra cómo perseguía a los cristianos y los encarcelaba, “yo creí que era mi deber actuar con todos los medios contra el nombre de Jesús, el Nazareno” (Hch 26, 9) y, yendo a Damasco, el Señor se le apareció como una potente luz que le arrojó al suelo, recibiendo su mensaje en el que le manifestaba cuál iba a ser su misión, “yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate y ponte en pie, pues me he aparecido a ti precisamente para elegirte como servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré” (Hch 26, 15-16).

Esto cambió totalmente su vida, convirtiéndose de perseguidor en apóstol del Evangelio entre los que no eran judíos, los gentiles, hasta dar su vida por Cristo. Es el gran testimonio que nos deja San Pablo, su vida está centrada plenamente en Cristo. Jesús fue el motor del cambio de su vida. Pablo era un judío creyente, pero cuando se encuentra con Cristo todo cambia hasta considerar que su vida pasada como basura, “por Cristo lo perdí todo y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo” (Flp 3, 8).

La fuerza para la identificación con el Señor, la encuentra en el amor total de Cristo hacia él y hacia nosotros, manifestado en su entrega a la muerte en cruz “vivo en la fe del hijo de Dios que me amó y se entregó por mí” y por eso afirma rotundamente “estoy crucificado en Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 19-20) Es todo un ejemplo para nuestras vidas, identificarnos plenamente con Cristo hasta sentir que su misma vida es la que vive en nosotros.

Hay dos fundamentos que le permiten llegar a esta unión con Cristo, el misterio pascual al que se siente plenamente unido. Esto lo conseguimos por medio del sacramento del bautismo, “por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que lo mismo que Cristo resucitó así, también nosotros andemos en una vida nueva” (Rm 6, 4). También lo conseguimos por la Eucaristía. Narra con precisión la institución de la Eucaristía e invita al que la recibe a vivir como Cristo porque “cada vez que coméis este pan y bebéis del cáliz proclamáis la muerte del señor hasta que vuelva” (I Cor 11, 26).

El otro medio para la unión con Cristo es el don del Espíritu Santo que habita en nosotros, porque es el que nos “ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Rm 8, 2), devolviéndonos la dignidad de hijos de Dios, “no habéis recibido un espíritu de esclavitud, sino que habéis recibido el Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos Abba, Padre” (Rm 8, 15). Este es el gran don, la gran fuerza que tenemos dentro de nosotros por la que asumimos la nueva vida de hijos de Dios.

San Pablo, un enamorado de Cristo, nos ayude cada día a identificarnos con Jesús, Nuestro Señor, y vivir como Él nos ha mostrado.

Este artículo se ha leído 55 veces.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas