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¿Nos importa de verdad la unidad? Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026

David López
13 de enero de 2026

Del 18 al 25 de enero, la Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, una cita que vuelve cada año al calendario litúrgico y pastoral con una pregunta incómoda de fondo: ¿es solo un gesto correcto… o una llamada que aún nos cuesta tomar en serio?

En este 2026, el lema elegido —«Un solo Espíritu, una sola esperanza» (cf. Ef 4,4)— nos devuelve al núcleo del Evangelio y a una convicción básica de san Pablo: la división entre los cristianos no es un asunto secundario ni una cuestión de estilos, sino una herida que afecta al cuerpo mismo de Cristo.

Una unidad que nace del martirio y la esperanza

Los materiales de este año han sido preparados por la Iglesia Apostólica Armenia, una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo. No es un dato menor. Su historia está marcada por la persecución, el testimonio martirial y una fidelidad radical a Cristo vivida en condiciones extremas. Desde esa experiencia, los cristianos armenios ofrecen a las Iglesias un mensaje que no suena a consigna, sino a vida entregada.

Los obispos recuerdan que esta Semana se celebra “tras la Navidad, cuando Cristo se manifiesta como luz para el mundo”, y subrayan que la oración por la unidad expresa la condición peregrina de la Iglesia, que camina con esperanza hacia una comunión aún no plena, pero ya real en muchos signos concretos

Más que un ideal bonito

El texto episcopal evita una visión ingenua del ecumenismo. Habla de encuentros reales, de pasos dados, de la Mesa de Diálogo Interconfesional en España, constituida en 2024, y de acuerdos que muestran una convergencia significativa en la defensa de la dignidad humana y el servicio a la sociedad. No se trata de disolver identidades ni de maquillar diferencias, sino de reconocerse hermanos llamados a un mismo Señor.

Especial fuerza tiene la referencia al llamado «ecumenismo de la sangre»: cristianos de distintas confesiones que hoy, en muchos lugares del mundo, son perseguidos y mueren juntos por confesar a Cristo. Ante ese testimonio, cualquier indiferencia hacia la unidad queda seriamente cuestionada.

Orar para aprender a mirarnos de otra manera

La oración aparece en el mensaje como uno de los “nutrientes” imprescindibles del cuerpo de Cristo. No como refugio piadoso, sino como espacio donde el Espíritu va desarmando prejuicios, sanando memorias heridas y abriendo caminos que humanamente parecen imposibles.

Por eso, la Semana de Oración no es solo una convocatoria litúrgica, sino una invitación a mirarnos entre cristianos con otros ojos, a reconocernos corresponsables de una misión común y a ofrecer al mundo un testimonio creíble en tiempos de polarización y fractura.

Una llamada que nos interpela

Tal vez esta Semana pase desapercibida en muchas comunidades. Tal vez vuelva a celebrarse “porque toca”. Pero el mensaje de este año insiste en algo esencial: la unidad no es un lujo ni un gesto diplomático, sino una exigencia del Evangelio y una urgencia para un mundo que necesita reconciliación y esperanza.

Orar por la unidad es, en el fondo, dejarnos implicar personalmente en esa vocación. No para borrar las diferencias, sino para aprender a vivirlas desde el mismo Espíritu y la misma esperanza.

 

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