La caña cascada no la quebrará

Pedro Escartín
11 de enero de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del Domingo del Bautismo del Señor – (11/01/2026)

La liturgia cierra la Navidad con el Bautismo de Jesús en el río Jordán. Los evangelistas dicen muy poco sobre los años que van desde la infancia de Jesús, que acabamos de celebrar, hasta su bautismo a manos de Juan, tal como hoy hemos escuchado en el Evangelio (Mt 3, 13-17); alrededor de treinta años de vida sencilla, silenciosa y trabajadora, de “vida oculta”, en una palabra, frente a tres años escasos de predicación de la buena noticia, que comenzaron a partir del bautismo. Me llama la atención el desequilibrio entre uno y otro período. Si Jesús era el elegido, que venía a manifestar, con firmeza y suavidad a un tiempo (la caña cascada no la quebrará), que Dios hace justicia a los pobres, como anunció el profeta Isaías y hemos escuchado en la primera lectura (Is 42. 1-4. 6-7), ¿qué sentido tiene ese largo período de “vida oculta”? Como hago tantas veces, he compartido mis cavilaciones con Jesús…

– Deja de hurgar en lo que motiva las decisiones del Padre -me ha dicho- y fíjate en la conversación que mantuve con el Bautista; seguramente descubrirás algo más importante.

– La he escuchado atentamente y me ha sorprendido la humildad del Bautista, resistiéndose a bautizarte porque pensaba que eras tú quien tendría que bautizarlo y no al revés. Esto encaja con lo que Juan había dicho poco antes: que no merecía ni desatarte las sandalias.

– ¿Y qué le respondí yo? -ha dicho a continuación, acercándose la taza de café a los labios-.

– Que no se pusiera impertinente y se aviniera a cumplir toda justicia -he dicho distraídamente mientras tomaba mi taza entre las manos-, pero ¿qué tiene que ver la justicia en este asunto?

— ¡Todo! -ha respondido con rotundidad-. Yo no me refería a la justicia como la actitud moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde, sino a la justicia como docilidad para hacer lo que es justo, para hacer en todo momento lo que Dios quiere. El “camino de la justicia” que el Padre desea conduce a la verdadera vida, aunque pase, a veces, por una obediencia hasta la muerte. Esta justicia aventaja a la justicia de los escribas y los fariseos, como os dije en otro momento.

– O sea, que al acercarte a Juan para que te bautizara se puso de manifiesto que tu identidad es ser fiel en todo a la voluntad del Padre, y Juan, que también era fiel a la voluntad divina, se avino a “cumplir toda justicia”.

– Efectivamente. Por eso, le dije: «Conviene que así cumplamos -tú y yo- toda justicia». Y cuando salí del agua, después de ser bautizado, el Padre no sólo reveló mi identidad, sino que manifestó que soy su Hijo predilecto.

– Y lo manifestó con una escenografía apabullante -he añadido-. Allí se dejó ver el mismo Espíritu que fecundó a tu madre y te acompañó durante toda tu vida entre nosotros para hacer que te manifestaras como Hijo, pues, en la cultura de las gentes de Palestina, ser hijo era “ser para el padre” en todo. Y así lo ratificó la voz celeste que dijo: «Este es mi Hijo amado en quien me complazco».

– La misma voz que se deja oír en el corazón de cada uno de vosotros cuando sois bautizados. También vosotros sois hijos amados por Dios y estáis llamados a vivir “para el Padre”.

– Creo que todos, padres y padrinos incluidos, deberíamos tomarnos muy en serio el Bautismo -he exclamado-. Recuerdo que un buen hombre de nuestras montañas me dijo, en un día en que se celebraba un bautizo en su pueblo, que el Bautismo era el sacramento más hermoso.

– Y estaba en lo cierto -ha subrayado Jesús, y nos hemos despedido-.

 

 

Lectura del libro de Isaías (42, 1-4. 6-7).

Mirad a mi Siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.

«Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de mi pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Palabra de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (3, 13-17).

Por entonces, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Palabra del Señor.

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