La Iglesia en Zaragoza vivirá este año la solemnidad del Corpus Christi en una fecha excepcional. Será el jueves 4 de junio, a las 19.00 horas, cuando la Catedral-Basílica del Pilar acoja la misa pontifical presidida por el arzobispo, Carlos Escribano Subías. El cambio responde a la visita apostólica del papa León XIV a España en esas mismas fechas.
La celebración quiere ser, una vez más, un signo visible de fe compartida en torno a la Eucaristía. En esta ocasión, Cáritas Diocesana de Zaragoza tendrá una presencia especialmente significativa, sumándose a cofradías, parroquias, colegios y representantes de la vida pública de la ciudad.
Una fe que sale a la calle
Tras la eucaristía, el Santísimo Sacramento recorrerá el corazón de Zaragoza en la tradicional procesión del Corpus. El itinerario partirá de la plaza del Pilar y continuará por Alfonso I, Méndez Núñez y Don Jaime I, hasta llegar a la Catedral del Salvador (La Seo), donde el arzobispo impartirá la bendición solemne.
Se trata de uno de los momentos más expresivos de la religiosidad popular de la ciudad: una fe que no se queda en el templo, sino que se hace presencia pública, oración compartida y testimonio en medio de la vida cotidiana.
Una celebración de todos
La preparación de esta jornada cuenta con la implicación del Cabildo Metropolitano, junto a la colaboración de la Cofradía de la Institución de la Eucaristía y del grupo aragonés “El Pilar”, que contribuyen a cuidar cada detalle de una celebración profundamente arraigada.
¿Quiere participar?
La invitación está abierta a toda la diócesis. Cofradías, parroquias, centros educativos y grupos de niños de primera comunión que deseen participar en la procesión deberán inscribirse antes del 29 de mayo a través del correo cabildo@cabildodezaragoza.org. Para facilitar la organización, se solicita indicar el número de participantes —niños, catequistas o sacerdotes— y si acudirán con algún signo identificativo, como estandartes o cruces parroquiales.
Una oportunidad, en definitiva, para renovar públicamente la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y para hacer de la ciudad un espacio de encuentro, oración y esperanza.