Esta mañana, iba por la calle y, de pronto, me he dado cuenta de que estaba cantando una canción del grupo sueco ABBA (1979) titulada I HAVE A DREAM (Tengo un sueño), en la que se dice “creo en los ángeles”. Me he sentado en un banco y he reflexionado un poco. Entiendo por ángeles las personas que me ayudan, o sea, la presencia de Dios a mi alrededor que me envuelve como una nube.
Percibo que “todo el mundo” es bueno conmigo y, eso, me empuja a ser mejor. Valoro lo que recibo, me siento un privilegiado. No camino solo, me acompañan, me animan, me toleran y me motivan. Pienso que son mejores de lo que ellos mismos creen. Me dan trozos de sus vidas puesto que emplean tiempo en mí. Lo hacen todo con naturalidad. Se suele decir que la bondad es para el alma lo que la salud es para el cuerpo: no la notas cuando la tienes. Sabemos que la gente buena, saca lo bueno de otras personas. Desde que nací, los demás me están construyendo. Actualmente, mis más de 85 años, me causan limitaciones físicas, mentales y de autocontrol. Necesito ayuda para todo. Hasta ahora, por ejemplo, nunca había estado ingresado en ningún hospital. En esta primera vez, algunos días he tenido hasta 15 visitas. Ha habido quienes han perdido la noche mientras yo estaba inconsciente. Inmerecidamente estoy rodeado de buenas personas.
Para mí, una de las cosas más importantes es hacerle saber a la gente que no está solo. Una de cada 9 personas vivimos solos en nuestro país: cinco millones y medio de personas. La mayoría de ellos tienen entre 70 y 79 años. La soledad de los emigrantes y los sin hogar es otro tema. Según el informe sobre la soledad no deseada de la Fundación Alares (Vivofacil), una de cada cuatro personas se siente sola.
No sólo hay corrupción, populismo, mentira y violencia; la gente buena es la que hace que el mundo funcione. El Reino de Dios sigue adelante. Hemos visto como ante grandes catástrofes pequeños pueblos se muestran enormemente solidarios y eficaces.
En esta sociedad tan compleja hay que contar con los errores humanos de las personas y las instituciones. También los fallos en las máquinas informatizadas son frecuentes y, muchas veces, ignoramos las causas.
Tengo poco pelo en mi cabeza pero, ahora, al peinarme, he pensado que debería organizar mis pensamientos con más frecuencia que mis cabellos para poder ser parte de la solución y no del problema.