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Veremos a Dios tal cual es

Pedro Escartín
31 de octubre de 2026

Un café con Jesús, Flash de mi conversación (imaginaria) con Jesús sobre el Evangelio de Todos los Santos – ciclo A – 1 de noviembre de 2026 –

Hoy el párroco ha empezado la homilía recordando que celebramos la fiesta de Todos los Santos y ha dicho que nos preguntáramos por qué la Iglesia propone que, en este día, contemplemos las ocho bienaventuranzas recogidas por el evangelista Mateo (Mt 5, 1-12) y el segundo fragmento de la primera carta del apóstol Juan (1 Jn 3, 1-3). He pensado que la respuesta de Jesús a esta pregunta sería más acertada que mis elucubraciones y, ya que lo tengo delante, no he querido dejar que se enfríen los cafés y le he soltado a bocajarro:

? ¿Por qué la Iglesia nos he recordado las bienaventuranzas en la fiesta de Todos los Santos? ¿Tiene esto algo que ver con aquella definición que el papa Francisco hizo de las bienaventuranzas cuando dijo que son “el carnet de identidad del cristiano”?

? Tú mismo acabas de responderte la pregunta –me ha dicho dejando su taza de café sobre la mesa después de haber tomado un sorbo–. Ten en cuenta la escenografía que describe Mateo al narrar esta escena y lo entenderás mejor: el evangelista dice que subí al monte y me senté antes de empezar a hablar al gentío. En el Antiguo Testamento, el monte Sinaí o el Horeb fueron lugares privilegiados en los que el Señor se manifestó; además añade que me senté, no porque estuviera cansado después de la subida, sino porque esa posición era la del maestro que impartía una enseñanza decisiva para sus oyentes…

? De modo que lo que dijiste a continuación fue una declaración solemne del estilo de vida que se hace presente con la llegada del Reino de los cielos –me he apresurado a interrumpirle antes de que siguiera con su explicación–.

? Eso fue lo que pretendí que vieran en mi actitud. Yo venía anunciando que el Reino de los cielos estaba llegando y que esto es una buena noticia para los pobres; por eso, mi primera enseñanza como maestro fue que los pobres son bienaventurados al igual que los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los que son insultados y perseguidos por mi nombre…

? Pero es difícil de tragar esta enseñanza –he dicho alarmado y cogiendo la taza de café para hacer más digerible lo que estaba oyendo–.

? Y, sin embargo, es mi enseñanza fundamental. La escenografía que describe el evangelista fue del todo intencionada. Ya sé que mis enseñanzas sobre el Reino de los cielos son contraculturales, como decís vosotros, aunque del todo imprescindibles.

? Pero, ¿quién va a desear formar parte de un Reino en el que los pobres son bienaventurados? Dados los tiempos que corren y las ambiciones que están a la orden del día, creo que te pasaste al proponer ese programa de vida. ¿No podrías introducir alguna rebaja?

? ¿Y malbaratar el “carnet de identidad” del cristiano? –ha respondido–. Todos los santos son santos porque han vivido con especial intensidad alguna de las bienaventuranzas. Para conseguirlo han contado con la iluminación y la fuerza del Espíritu Santo, y le han secundado. La historia de la Iglesia está sembrada de una multitud de hombres y mujeres que se dejaron guiar por el Espíritu y, como escribió el apóstol Juan en su primera carta “ven a Dios tal cual es”.

? Y yo veo más clara la respuesta a la pregunta que nos ha hecho el párroco.

? Lo que has de ver claro es que, a pesar de vuestra cultura, los pobres son bienaventurados, porque de ellos es el Reino de los cielos.

? Y lo demás son pamplinas, ¿no? –he suspirado–.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (5, 1-12).

Al ver Jesús en gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

Palabra del Señor.

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3, 1-3).

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo como él es puro.

Palabra de Dios.

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